Desafío: “El séptimo personaje”
Metaficción: cuando un personaje intenta escapar del propio texto, ¿quién manda de verdad?
Descripción del desafío
Consigna:
Límites (sugeridos):
- Extensión sugerida: 600–1200 palabras
- POV: libre (elige el que sostenga mejor la extrañeza)
- Incluye la frase obligatoria exactamente, sin cambios
- Opcional: úsala como cierre para que funcione como “corte a negro”
Relato surgido del desafío
—¿Quién eres tú? —preguntó el Director, apenas alzó la vista del libreto.
—No lo sé aún —respondió el recién llegado.
En el escenario, seis personajes discutían con vehemencia su destino: uno acusaba, el otro lloraba, aquel renegaba. Voces tejidas con angustia que buscaban un sentido a su existencia.
Pero él, el séptimo, no decía mucho. Se mantenía al margen, como quien duda de su propio papel.
—¿No vienes con ellos? —insistió el Director, irritado.
—No. Ellos tienen historia. Yo solo tengo conciencia.
La sala quedó en silencio. Los demás personajes se miraron entre sí con desconcierto; nadie se había fijo en él.
Era alto, delgado, pero poco definido, como si no estuviera acabado del todo.
No tenía nombre.
No tenía papel asignado. No lloraba, no gritaba. Solo pensaba. Y eso incomodaba a todos.
—Mira —le dijo uno de los personajes—. Si no estás dispuesto a sufrir con nosotros, no tienes derecho a existir aquí.
El séptimo personaje la observó con compasión. Luego miró al Director.
—¿Y si yo no quiero ser escrito?
Las luces temblaron, como si la pregunta hubiera trastornado el equilibrio de la escena.
—No puedes irte —musitó el Director—. Si estás aquí, es porque alguien te pensó. Aunque sea un borrador.
—¿Y si sólo fui una duda?
Nadie respondió.
Entonces, el personaje número siete caminó hasta el fondo del escenario. Allí, una puerta de la escenografía parecía más real que todo lo demás.
— No ser parte de esta obra… también es una forma de existir.
Giró el picaporte. Miró una última vez hacia los demás, todos congelados en su drama eterno, condenados a repetir cada línea mientras alguien los recordara.
Y salió de la habitación.
Y de la historia.
Reflexiones sobre mi relato
Mi primer impulso fue irme a la Historia con mayúscula: grandes acontecimientos, un “salir” épico, un giro de época. Pero, tras varias vueltas, nada terminaba de encajar con una frase tan breve y tan cortante.
Así que bajé a la historia con minúscula: una habitación, un recinto, una despedida. La idea inicial era simple: alguien sale y, con eso, se rompe una relación. Pero el artículo me descolocó: “salió de la historia” no suena íntimo; suena absoluto. No habla de “su” historia, sino de “la historia” como sistema.
Y ahí apareció la solución: solo un personaje puede salir de la historia… porque su existencia depende de estar dentro de un relato. Si sale, deja de ser recordado, deja de ser leído, deja de repetirse.
Enseguida me llevó a pensar en esos personajes que discuten con su creador, que reclaman un destino propio: la estela de Pirandello estaba ahí, inevitable. Entonces llegó el Séptimo: no viene con drama, viene con conciencia. Y en un escenario, pensar —no actuar— es la verdadera rebeldía.
Notas de revisión (opcional)