La misma historia, otra mirada

Te sientas a escribir y te asalta la duda: «Esto ya está contado». Amores imposibles, venganzas, viajes de vuelta a casa… Parece que todas las historias tienen dueño y que a ti solo te quedan las migajas. Esa sensación paraliza a más escritores que la página en blanco.

La buena noticia es que la originalidad no está solo en qué cuentas, sino en cómo y desde dónde lo cuentas. Una historia conocida, mirada desde otro ángulo, puede convertirse en algo completamente nuevo.

De dónde viene

Ni siquiera Shakespeare inventó Romeo y Julieta. Tomó la trama de un poema inglés de Arthur Brooke (1562), que a su vez adaptaba relatos italianos de Matteo Bandello y Luigi da Porto. Lo que hizo Shakespeare fue darle su lenguaje, su ritmo y su intensidad dramática. La historia era de todos; la versión, suya.

Un ejemplo: West Side Story

En 1957, Arthur Laurents, Leonard Bernstein, Stephen Sondheim y Jerome Robbins llevaron Romeo y Julieta a Nueva York.

  • Los Montesco y los Capuleto se convierten en dos bandas callejeras: los Jets y los Sharks.
  • Verona pasa a ser el West Side de Manhattan, con sus azoteas y escaleras de incendios.
  • El odio heredado entre familias se transforma en tensión racial y en la lucha entre jóvenes de origen europeo y recién llegados puertorriqueños.
  • Romeo y Julieta son ahora Tony y María.

La estructura es casi idéntica, pero el cambio de escenario hizo que el conflicto hablara de otra cosa: inmigración, pertenencia, marginación. Misma historia, nuevo significado.

Otras formas de contar la misma historia

Sigamos con Romeo y Julieta. Sin cambiar ni una pieza de la trama, puedes escribir relatos muy distintos solo moviendo la cámara.

1. Desde dentro de Romeo. Un muchacho que una semana antes juraba amor eterno a Rosalina. ¿Es amor o es su forma de huir de algo? Contado en primera persona, el lector puede empezar a sospechar de su propio narrador.

2. Desde dentro de Julieta. Trece años, una boda concertada con Paris y apenas margen de decisión. Su punto de vista convierte la historia de amor en una historia sobre la libertad: elegir a Romeo es, quizá, la primera decisión que toma por sí misma.

3. Desde la piel de los progenitores. Aquí está el reto más interesante: entender a quien se opone. El señor Capuleto no es un villano; es un padre que ha visto morir a gente en las calles por una enemistad antigua y que cree proteger a su hija casándola con alguien seguro. Cuando el antagonista tiene razones comprensibles, el conflicto deja de ser blanco y negro.

4. Trasladar el conflicto. ¿Y si la madre de Romeo ve mal la relación, pero el padre es más transigente? La tensión salta de la pareja al matrimonio: discusiones en la cocina, silencios en la cena, viejas heridas que reaparecen. Los enamorados quedan en segundo plano y la historia de amor se convierte en el detonante de otra historia: la de dos personas que descubren que ya no piensan igual.

¿Desde qué personaje secundario de una historia famosa te gustaría contarla tú?

#procesos


Créditos · © 2026 Juanma Menéndez

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