Hay inviernos que no se miden por días, sino por señales: la luna llena, los santos del calendario, la poda en manos curtidas, el animal que se inquieta antes de que cambie la luz.
Este poema de José Luis Ibarzábal es un almanaque de pueblo: te lo pone delante para que lo veas (y casi lo huelas).
Dos lunas tiene el invierno
Que brillan más que un lucero
Y entre luna y luna santos
Que inspiran al refranero
Y marcan podas e injertos
Del fresno, la higuera, el sauce
El manzano y el cerezo
En manos de recios viejos
De pelo en el entrecejo
Poco cultos pero sabios
Me cago en Dios en los labios
Cuando llegan las
heladas
Y la nieve de otros tiempos
Cae medio metro en el pueblo
Y no tienen pa comer
Las ovejas y las vacas...
Ya se acaba el mes de enero
Y hay luna llena en el cielo
Dentro de dos días sabremos
Sí la Candelaria plora
Pues como dice el refrán
El invierno estará fora
Atrás les queda el recuerdo
De las noches navideñas
Ya las aves ponen huevos
Y por San Blas la cigüeña
Ahora ya no la veremos
Por San Antón baila el perro
Pues es su santo patrón
Ése día no comen pan
Un puñado de garbanzos
Con tocino y poca sal
Pués cómo dice el refrán:
"Por dinero baila el can
Y por pan si se lo dan"
Mientras sin embargo el gato
Busca gatas todo el rato
Maullidos por los tejados
Ojos claros relucientes
Pues el felino presiente
Su función reproductora
En el ocaso y la aurora
Le verás re-gateando...
Dicen que pronto en febrero
Buscará la sombra el perro
Del huevo sale el jilguero
Mientras incuba su huevo
Todo buitre carroñero
Las grullas barruntan ya
Que la primavera asoma
Invernando por Angola
Listas pa un largo viaje
No tienen ni rey ni paje
Van ligeras de equipaje
Vuelan camino de Roma
Por San Valentín se asoma
Ese santo casadero
Que se presenta soltero
Rubio, alto y juvenil
Cuando las niñas son mozas
Van como las mariposas
Buscando un amor sincero
Y un noviazgo duradero
Para casarse en abril
Eso me contó una vieja
Guardando el luto a su novio
Lo embarcaron pa Melilla
Hacia el barranco del lobo
Le prometieron el mar
Rancho caliente y judías
Con rabas de calamar
Y dos copas de cazalla
Con suizo y mantequilla
Para buen desayunar
Dejo su ilusión y vida
En las tierras de ultramar
Mientras la abuela rezaba
El rosario noche día
Y en la capilla del pueblo
Ponía una vela a María
La trajeron su guerrera con una triste medalla
Del arma de infantería
No de la virgen de África
Y que al reverso ponía
Murió por Dios y la patria
Pero dio su vida a cambio
Por salvar el patrimonio
De aquel rey de las Españas ...
Ya se ven las chirigotas
Las mascaras y señuelos
Del carnaval de Febrero
En Castilla manda el clero
En Cataluña el dinero
Y en los bares de Calanda
Los maños bailan la jota
Y al son de las castañuelas
En Cádiz las chirigotas
Y así trascurre febrero
Entre una y otra luna
Son solo cuatro semanas
Siete noches cada una
Y si es bisiesto más una
Luna llena de febrero
Coincide con la dé
Enero
Al final de la medida
pues justo cuatro semanas
Tiene la luna de vida...
Entrenamos economía, subtexto y un final con doble lectura: una sola palabra que deja eco.
Descripción del desafío
Consigna: Construir un microrrelato con la palabra recompensa. No basta con “meterla”: haz que cambie el sentido del texto y que el cierre deje una duda viva.
La metralla le arrancó medio rostro, pero aún respiraba.
Su capitán le susurró al oído: “Aguanta, muchacho. Hay recompensa para los valientes.”
Murió antes de entender si hablaba de gloria o de dinero.
Reflexiones sobre mi relato
Lo que funciona: la primera frase abre con una imagen física brutal (impacto inmediato), y la palabra recompensa llega cargada de promesa… o de manipulación. El cierre no “explica”: deja al lector trabajando.
La clave técnica: la ambigüedad está anclada a un único punto: ¿qué significa “recompensa” en guerra cuando quien la promete tiene poder sobre ti?
Notas de revisión (opcional)
Checklist rápido (para tu propia versión):
¿La palabra recompensa “pesa” en la escena (no es decorativa)?
¿Hay una imagen concreta (gesto, objeto, herida, sonido) que haga real el momento?
¿El final abre dos lecturas sin que ninguna sea “la correcta”?
¿Quitaste toda frase que explique lo que el lector ya puede inferir?
Si lo escribes, pégalo en comentarios y dime: ¿qué interpretación quieres que duela más?
Esto significa que puede ser compartida, copiada, adaptada y distribuida en cualquier medio o formato, incluso con fines comerciales, siempre que se dé el crédito adecuado al autor.
Estamos en el invierno y José Luis Ibárzabal nos cuenta sus sueños
Invierno, crudo invierno
Viento del norte
corta la piel, hiela la sangre
de los mendigos y de los pobres
Aullar de lobos
en el horizonte…
En los rincones
de la espesura
allá en el bosque
se para el agua
no suena el viento
allí está el pájaro acurrucado
Blanco silencio….
Si alguna vez
no me encontraras,
Si yo me pierdo...
Si de esta vida
yo me retiro
O de tu mundo, desaparezco…
Búscame allí
Donde en invierno
se para el tiempo
Donde yo solo
libre me siento
Busca en la magia
de mi locura
No entre los muros
de los conventos…
Corta es la vida
Largo el invierno…
Del “informe” a la escena: cómo depuré un párrafo para pasar de narrar a mostrar
Vamos a ver un proceso real de cambio de “narrar” a “mostrar” (show don’t tell) a partir de un fragmento de la novela que estoy escribiendo. La idea es simple: convertir un resumen (“pasaron dos semanas”, “hubo más redadas”) en una imagen que el lector pueda ver y sentir.
1) Qué es / Idea central
Definición:
Narrar hace un resumen (“en ese tiempo hubo más redadas”).
Mostrar construye una prueba sensorial: objetos, acciones y consecuencias que permiten al lector deducir lo mismo sin que se lo expliques.
Regla de oro: cada frase-resumen debe convertirse en objeto + acción + consecuencia.
2) Cuándo usarlo (y cuándo no)
Úsalo cuando la idea es importante emocionalmente y quieres que el lector lo experimente.
Úsalo cuando quieres que el lector saque conclusiones de una escena sin explicar demasiado.
3) El material de partida
En la primera redacción, donde primaba más el desarrollo de la idea que el estilo, escribí esto:
“Habían pasado dos semanas desde la cena y casi un mes desde el incidente con Krüger en las escaleras del ayuntamiento. Dos semanas desde que ella, sin comprometerse del todo, había dicho que “haría lo posible”. En ese tiempo, Krüger se había soltado. Más redadas, más cadáveres en zanjas rurales, más informes con cifras que iban en la dirección equivocada.”
Objetivo: convertir esa narración en una imagen.
4) Mapa del párrafo (antes de tocar una palabra)
Antes de reescribir, separé lo que el texto “está contando”:
Narración temporal: han transcurrido dos semanas.
Núcleo: en ese periodo se incrementa la violencia: redadas, ejecuciones, fosas comunes.
Contexto: incidente en el ayuntamiento + compromiso (“haría lo posible”).
Este mapa decide tu dirección: si no sabes qué es núcleo y qué es contexto, “mostrar” se vuelve decoración.
5) Proceso de depuración (paso a paso)
Paso 1 — Recortar el contexto que el lector ya sabe
Dentro de la narración completa, el lector ya conoce el incidente y el compromiso. Aquí solo sirven para fijar el inicio del periodo (“dos semanas”). Así que los eliminé de este párrafo para que la escena no se quede en “recordatorio”.
Decisión: me quedo con tiempo + escalada + violencia, sin explicar el “por qué” en este punto.
Paso 2 — Sustituir el dato temporal por una señal física
El tiempo se puede marcar con señales que entren por los sentidos:
— Los cubos estaban llenos de basura y algunas bolsas estaban fuera. (Varios días.)
— Recordaba los árboles cargados de fruta y ahora sin hojas. (Del otoño a la primavera sin decirlo.)
En este caso, mi escena tenía un aliado perfecto: tierra removida. Así que busqué una señal meteorológica para medir el intervalo entre “cuando se cavó” y “ahora”.
Decisión: usar la lluvia como reloj: si llovió y aun así se distinguen los montículos, la alteración es reciente.
Paso 3 — Convertir “fosas” en una imagen inequívoca
La narración hablaba de ejecuciones y fosas comunes. Una fosa encaja orgánicamente con “tierra removida”, pero necesitaba que el lector entendiera qué hay ahí sin que yo lo declarase.
Decisión: rodear la zona con ropa y zapatos abandonados. Es una prueba muda: el lector completa lo que falta.
Paso 4 — Evitar que sea “solo descripción”: añadir un gesto humano
Mostrar no es enumerar detalles. Necesitas una reacción que cargue el significado.
Decisión: Hanna se detiene, mira y se santigua. Ese gesto vuelve la escena dramática sin explicarla.
Paso 5 — Dejar latente “Krüger se había soltado” sin decirlo
Un matiz que quise mantener en subtexto: la sensación de urgencia y descontrol que encaja con “Krüger se había soltado”.
Decisión: la ropa y los zapatos abandonados sugieren prisa, violencia y falta de control. No lo afirmo: lo dejo respirando en el borde de la imagen.
6) Resultado: el párrafo ya “se ve”
La narración quedó así:
“Atravesaron un claro. Cerca había una zona de tierra removida. Las lluvias de la última semana habían suavizado la alteración del terreno pero todavía era posible distinguir los montículos de tierra arrojados con las palas. Prendas arrugadas y zapatos completaban ese paisaje.
Hanna avanzaba a su lado, en silencio. Se detuvo un momento mirando esa zona y se santiguó.”
7) Checklist rápida para transformar “narrar” en “mostrar”
¿Qué parte es núcleo y qué parte es contexto redundante?
¿El tiempo es un dato… o una huella sensorial (clima, rutina, desgaste)?
¿La violencia se expresa como etiqueta (“más”)… o como repetición / restos / consecuencias?
¿Hay un gesto humano que convierta la imagen en escena?
¿Has dejado un subtexto latente sin explicarlo (“se había soltado”)?
Esto significa que puede ser compartida, copiada, adaptada y distribuida en cualquier medio o formato, incluso con fines comerciales, siempre que se dé el crédito adecuado al autor.
Metaficción: cuando un personaje intenta escapar del propio texto, ¿quién manda de verdad?
Descripción del desafío
Consigna:
Escribir un relato que contenga esta frase:
"Y salió de la habitación. Y de la historia".
Límites (sugeridos):
Extensión sugerida: 600–1200 palabras
POV: libre (elige el que sostenga mejor la extrañeza)
Incluye la frase obligatoria exactamente, sin cambios
Opcional: úsala como cierre para que funcione como “corte a negro”
Relato surgido del desafío
—¿Quién eres tú? —preguntó el Director, apenas alzó la vista del libreto.
—No lo sé aún —respondió el recién llegado.
En el escenario, seis personajes discutían con vehemencia su destino: uno acusaba, el otro lloraba, aquel renegaba. Voces tejidas con angustia que buscaban un sentido a su existencia.
Pero él, el séptimo, no decía mucho. Se mantenía al margen, como quien duda de su propio papel.
—¿No vienes con ellos? —insistió el Director, irritado.
—No. Ellos tienen historia. Yo solo tengo conciencia.
La sala quedó en silencio. Los demás personajes se miraron entre sí con desconcierto; nadie se había fijo en él.
Era alto, delgado, pero poco definido, como si no estuviera acabado del todo.
No tenía nombre.
No tenía papel asignado. No lloraba, no gritaba. Solo pensaba. Y eso incomodaba a todos.
—Mira —le dijo uno de los personajes—. Si no estás dispuesto a sufrir con nosotros, no tienes derecho a existir aquí.
El séptimo personaje la observó con compasión. Luego miró al Director.
—¿Y si yo no quiero ser escrito?
Las luces temblaron, como si la pregunta hubiera trastornado el equilibrio de la escena.
—No puedes irte —musitó el Director—. Si estás aquí, es porque alguien te pensó. Aunque sea un borrador.
—¿Y si sólo fui una duda?
Nadie respondió.
Entonces, el personaje número siete caminó hasta el fondo del escenario. Allí, una puerta de la escenografía parecía más real que todo lo demás.
— No ser parte de esta obra… también es una forma de existir.
Giró el picaporte. Miró una última vez hacia los demás, todos congelados en su drama eterno, condenados a repetir cada línea mientras alguien los recordara.
Y salió de la habitación.
Y de la historia.
Reflexiones sobre mi relato
Mi primer impulso fue irme a la Historia con mayúscula: grandes acontecimientos, un “salir” épico, un giro de época. Pero, tras varias vueltas, nada terminaba de encajar con una frase tan breve y tan cortante.
Así que bajé a la historia con minúscula: una habitación, un recinto, una despedida. La idea inicial era simple: alguien sale y, con eso, se rompe una relación. Pero el artículo me descolocó: “salió de la historia” no suena íntimo; suena absoluto. No habla de “su” historia, sino de “la historia” como sistema.
Y ahí apareció la solución: solo un personaje puede salir de la historia… porque su existencia depende de estar dentro de un relato. Si sale, deja de ser recordado, deja de ser leído, deja de repetirse.
Enseguida me llevó a pensar en esos personajes que discuten con su creador, que reclaman un destino propio: la estela de Pirandello estaba ahí, inevitable. Entonces llegó el Séptimo: no viene con drama, viene con conciencia. Y en un escenario, pensar —no actuar— es la verdadera rebeldía.
Notas de revisión (opcional)
Ideas por si escribes tu versión:
– Presenta “la habitación” como algo concreto (una cama, un foco, un olor) antes de abrir la puerta metafórica.
– Haz que la frase obligatoria funcione como cierre: que sea un gesto, no una explicación.
– Da una pista física de la ruptura del guion: luces que tiemblan, utilería que “miente”, silencio que pesa.
– Cierra con una consecuencia: ¿qué pierde (o gana) el mundo cuando alguien sale de la historia?
Esto significa que puede ser compartida, copiada, adaptada y reutilizada, incluso con fines comerciales, siempre que se dé el crédito adecuado al autor.
Noviembre llega con su luz antigua: la que cae igual sobre las flores de los muertos y sobre la cuna de un recién nacido.
En este poema, la sierra respira despacio: un lobo sube a la cumbre, unas abuelas rezan, un pastor aviva la lumbre.
Todo ocurre bajo la misma luna: la que ilumina, la que esconde… y la que nos recuerda que la vida sigue.
Y Jóse Luis Ibárzabal nos lo describe en un poema
LUNA LLENA DE NOVIEMBRE
Llega noviembre y su Luna
Los muertos ya tienen flores
Un bebé llora en su cuna
Será el fulgor de ésa Luna
La luz de almas anteriores?
Hay un lobo solitario
Que sube hacia el Calvitero
Vendrán nieves por enero
Barruntan en Candelario
En la iglesia hay cuatro viejas
Que están rezando el rosario
La vida sigue y la luna
Desde tiempo inmemorial
Hay noches que nos alumbra
Otras se esconde en penumbra
En eterno calendario
El lobo aúlla en la cumbre
Hay un pastor en un chozo
Que hasta hace poco era mozo
Y se calienta en la lumbre.
Lobos, pastores, abuelas...
Rapaces y almas en pena
Todos con la luna llena
Tienen la misma costumbre
Viejos amores reviven
Cuando la luna refleja
Su luz, como una madeja
Y mientras, la vida sigue
La vieja que en paz descanse
El pastor con sus ovejas
En ése mismo declive
Del que nace
Del que vive
Del que aúlla
Del que reza
Del que arrulla
Del que muere
Su último aliento y bosteza
Y va pasando la vida ...
Así es la naturaleza
¿Tu idea pide un golpe rápido o un viaje largo? En este post vas a aprender a distinguir cuento y novela desde lo que de verdad importa al escribir: la promesa al lector, el motor narrativo y cómo revisar tu borrador para que no se quede “a medio formato”.
1) Qué es / Idea central
Definición:el cuento es precisión: busca un impacto concentrado (una revelación, una ironía, un giro moral, una emoción nítida). La novela es acumulación: construye convivencia (mundo, voz, relaciones) y paga con capas, matices y consecuencias a lo largo del recorrido.
Regla de oro: si tu historia vive de un instante decisivo, escribe un cuento; si vive de un proceso (y sus consecuencias), escribe una novela.
2) Cuándo usarlo (y cuándo no)
Elige cuento si… hay una pregunta dominante que aprieta (un secreto, una decisión, una trampa moral) y todo puede empujar hacia un mismo efecto.
Elige novela si… necesitas un ecosistema de tensiones: relaciones que cambian, objetivos que se reformulan, consecuencias que se encadenan y personajes que evolucionan con el tiempo.
Evita el “formato híbrido por accidente” si… tu cuento se llena de escenas bonitas pero prescindibles, o tu novela se queda en una sola situación sin profundidad ni transformación.
3) Proceso paso a paso
Paso 1 — Preparación
Antes de escribir, diagnostica tu idea. No es teoría: es una forma de ahorrar páginas (o de evitar recortar lo que hacía falta).
Pregunta central: ¿puedes formularla en una frase?
Tipo de cambio: ¿el personaje cambia de golpe (instante) o por etapas (proceso)?
Necesidad de subtramas: ¿la historia respira mejor con varias líneas de tensión?
Paso 2 — Ejecución
Escribe según la promesa del formato (y no al revés).
Si es cuento: diseña una sola tensión principal y ordénalo todo para que crezca: cada escena sube la presión o cambia el sentido de lo anterior.
Si es novela: define una trama central y dos o tres “cuerdas” que la acompañen (relaciones, objetivos secundarios, conflicto interno). Piensa en consecuencias: lo que pasa en el capítulo 3 debe dejar huella en el 10.
Señal de que vas bien: puedes explicar tu historia sin “relleno”: en el cuento, por su impacto; en la novela, por su trayecto.
Paso 3 — Revisión
Revisa con tijera o con expansión, según el caso.
Para cuento: recorta todo lo que no aumente presión, no revele algo decisivo, no reoriente la lectura o no sostenga el tono del efecto final.
Para novela: revisa el ritmo: alterna tensión y respiración, pero haz que la pausa también construya vínculo, mundo o conflicto.
Error típico: escribir un cuento inflado (muchas escenas sin función) o una novela en miniatura (una sola idea estirada sin capas ni consecuencias).
4) Ejemplo aplicado
Antes: “Una mujer recibe cada año la misma postal sin remitente.” (Buena semilla, pero aún no decide formato.)
Después (versión cuento): la postal empuja a una decisión o destapa un secreto y el final reconfigura todo: el lector sale con un efecto claro.
Después (versión novela): la postal abre un proceso: búsqueda con etapas, encuentros, consecuencias y relaciones que se transforman. El sentido nace de la acumulación.
5) Checklist rápida
✅ Puedo decir cuál es la promesa (impacto vs convivencia).
✅ Sé si mando una tensión principal (cuento) o un ecosistema (novela).
✅ Mis escenas tienen función: presión/revelación (cuento) o capa/consecuencia (novela).
✅ El final cierra lo que prometí: efecto (cuento) o trayecto (novela).
6) Conclusión
Resumen: el cuento se construye como un mecanismo de precisión: todo empuja hacia un efecto. La novela se construye como una vida en movimiento: el sentido aparece por acumulación, evolución y consecuencias.
Regla final: no elijas por páginas: elige por promesa. Si prometes un golpe, recorta. Si prometes un viaje, añade capas.
Esto significa que puede ser compartida, copiada, adaptada y redistribuida, incluso con fines comerciales, siempre que se dé el crédito adecuado al autor.
Estaba a punto de decir “Que tus sueños se cumplan en 2026”, cuando, como un rayo, le atravesó la memoria lo perversa que era esa persona. Se le heló la voz en la garganta.
Respiró hondo, sonrió apenas y corrigió:
—Que 2026 te traiga lo que mereces.
Y al fin, pudo respirar en paz.
Esto significa que puede ser compartida, copiada, adaptada y distribuida en cualquier medio o formato, incluso con fines comerciales, siempre que se dé el crédito adecuado al autor.
Sátira en verso: una “postal” del Puerto donde la mirada se vuelve lupa… y la lupa, cuchillo.
Macuteros con chirucas
Bota de vino y merienda
De fabada litoral
Vivaqueando en la nieve
Cuál Jesús en el portal
De un belén estudiantil
Que se parece en la cara
Al alcalde de Madrid ...
Militares retirados hablan de guerra civil
Monjas con mallas moradas
Y con labios de carmín
Venezolanos con chanclas,
Chinos con ojos rasgados, gorro negro y coletin.
Mexicanos sin sombrero
Y curas con traje gris...
Putas buscando trabajo
Muertas de frío por allí
Niños con boina y chistera
Que vinieron de Paris
Trovadores y copleros
Carteristas y trileros
Y chachas de Chamberí
Perros con mierda en el culo, con zurraspas y serrín
Gatos con uñas pintadas en un rojo carmesí...
Camellos con un Ferrari
Y banqueros en patín
Vallekanos con guitarra,
Tunos con dos panderetas
Que tienen polla y dos tetas
Van cantando una saeta
Con orgullo y frenesí
Y algún etarra integrado
Que te baila en un tejado
Un aurresku en ongi etorri
Con un chistu y tamboril...
Negros, chinos y mulatos
Monaguillos mojigatos
Y pastores maragatos
De ovejas y perros flacos
Van rumiando por ahí .
Caballeros legionarios
Anarquistas libertarios
Comunistas de ideario
Y pícaros lazarillos
Pidiéndote cigarrillos
Para un ciego mujeriego
Qué mendiga por allí ...
Es la libertad al uso
De un cara polla Pitufo
Y la frutera de Ayuso
Que de bares sabe mucho
Y del Talmud sefardí...
Esto es el Puerto señores
Más abajo está Madrid
Por mucho empeño que pongan
Los de Segovia y Madrid
La sierra está hecha una mierda
No hay ni sitio pa hacer pis
Caos y basura a diario
Fachas, locos, libertarios,
Coches de guardia civil...
Macuteros con chirucas
Bota de vino y merienda
De fabada litoral
Vivaqueando en la nieve
Cuál Jesús en el portal
De un belén estudiantil
Que se parece en la cara
Al alcalde de Madrid ...
Militares retirados hablan de guerra civil
Monjas con mallas moradas
Y con labios de carmín
Venezolanos con chanclas,
Chinos con ojos rasgados, gorro negro y coletin.
Mexicanos sin sombrero
Y curas con traje gris...
Putas buscando trabajo
Muertas de frío por allí
Niños con boina y chistera
Que vinieron de Paris
Trovadores y copleros
Carteristas y trileros
Y chachas de Chamberí
Perros con mierda en el culo, con zurraspas y serrín
Gatos con uñas pintadas en un rojo carmesí...
Camellos con un Ferrari
Y banqueros en patín
Vallekanos con guitarra,
Tunos con dos panderetas
Que tienen polla y dos tetas
Van cantando una saeta
Con orgullo y frenesí
Y algún etarra integrado
Que te baila en un tejado
Un aurresku en ongi etorri
Con un chistu y tamboril...
Negros, chinos y mulatos
Monaguillos mojigatos
Y pastores maragatos
De ovejas y perros flacos
Van rumiando por ahí .
Caballeros legionarios
Anarquistas libertarios
Comunistas de ideario
Y pícaros lazarillos
Pidiéndote cigarrillos
Para un ciego mujeriego
Qué mendiga por allí ...
Es la libertad al uso
De un cara polla Pitufo
Y la frutera de Ayuso
Que de bares sabe mucho
Y del Talmud sefardí...
Desde la tierra de nadie, un destello. Luego otro. Los soldados ingleses, encogidos en sus trincheras, contienen la respiración. Los dedos acarician los gatillos, los ojos escudriñan la oscuridad. Nadie habla. Esa noche, como tantas otras, el barro está preparado para recibir más cuerpos.
Pero algo es distinto.
No suenan los cañones. En su lugar, una melodía se cuela entre los sacos de arena y el alambre de espino.
Una voz alemana entona:
“Stille Nacht, heilige Nacht...”
Seguido de una voz francesa:
“Dans les cieux l’astre luit.”
Y otra voz, temblorosa, desde el otro extremo de la trinchera:
“Round yon Virgin, Mother and Child…”
Los hombres escuchan sin comprender del todo, pero sin moverse. Unos pasos rompen el silencio. Una silueta se alza en la línea enemiga.
Está desarmado.
En la trinchera contraria, un escocés lo sigue con el dedo firme sobre el gatillo.
La tensión es insoportable. Solo un disparo...
—No dispares —murmuró alguien detrás de él.
Y el disparo nunca llega.
Otro soldado se levanta.
Luego otro.
Y otro más.
Uno canta.
Otro responde.
Entonces, la música se eleva sobre el barro, sobre los muertos, sobre el miedo.
Los soldados avanzan hacia la nada —esa tierra que devora a todos por igual— con manos vacías y el corazón temblando.
Se dan la mano.
Se ofrecen cigarrillos.
Comparten pan.
Cantan.
Entierran a sus muertos.
Rezan.
La noche fue larga, pero no fría.
La noche no podía durar para siempre.
Cuando amanece, vuelven a sus trincheras.
Fue la más breve, la más bella y la más triste Navidad jamás vivida.
Porque nunca volvió a repetirse.