A Buenaventura Durruti
Buenaventura Durruti Comandante libertario Nos dejaste tu ideario De lucha contra el fascismo
No hablamos de comunismo Sí de bravos milicianos Con un fúsil en la mano HONOR Y GLORIA a los mismos

Buenaventura Durruti Comandante libertario Nos dejaste tu ideario De lucha contra el fascismo
No hablamos de comunismo Sí de bravos milicianos Con un fúsil en la mano HONOR Y GLORIA a los mismos

Un microrelato, una llamada imposible y un giro final tierno y doloroso a la vez.
En este desafío vas a escribir un relato a partir de un texto disparador que aparece en una imagen, trabajando la voz íntima, el subtexto emocional y el mostrar antes que explicar.
Este desafío consiste en escribir un relato breve a partir del texto que aparece en la siguiente imagen. La idea es que uses ese texto como disparador narrativo: puede ser una transcripción de la llamada, una nota encontrada, un recuerdo, una grabación, etc.
La regla de oro: no expliques la emoción, muéstrala a través de detalles, acciones, ritmo y silencios.

Este es un posible resultado del desafío, a modo de modelo. No es “la forma correcta”, sino una entre muchas que puedes explorar:
Cogió el teléfono.
—Manuel, soy yo. Te llamo para recordarte que no se te olvide darle de comer al gato. Si no tiene comida, se va por ahí, y un día lo atropella un coche. Bueno… en realidad te llamaba por otra cosa.En la alacena, detrás de los tarros de mermelada de tomate —ya sé que no te gusta—, hay un sobre. Es el dinero que fui guardando de las sisas de la compra.
No te enfades, Manuel, ya te imagino frunciendo el ceño. Iba a ser para nuestras vacaciones, ¿te acuerdas? A esa ciudad rusa con nombre de santo… nunca me sale. Era para cuando cumpliéramos las bodas de oro.
Pero ya no va a poder ser.
Lo que quería decirte es que uses ese dinero. Ve con los niños, las nueras, los yernos y los nietos a la playa. Que estéis juntos, que lo celebréis. A mi salud.
Bueno, te dejo, que aquí me están metiendo prisa. Dicen que las conferencias del cielo a la tierra cuestan un dineral.
Te quiero. Te espero aquí. Pero sin prisa, ¿eh? Disfruta ahí abajo mientras tanto.
¡Ah! Y no te olvides de cortar los esquejes de los geranios en primavera.
El narrador en primera persona crea una conexión inmediata entre lector y personaje. Es íntimo, sesgado y potente, pero también exige disciplina para no romper sus reglas internas. En esta guía verás cuándo usarlo, qué ventajas ofrece y cómo evitar sus trampas más comunes.
Es un punto de vista en el que un personaje narra su propia historia desde el “yo”. Su fuerza está en la subjetividad: todo lo que conocemos pasa por su experiencia directa.
Regla de oro: solo puede narrar lo que percibe, piensa o interpreta. Nada de datos externos que no pueda conocer.
Mal (lo que evitar)
“Luis llevaba semanas planeando traicionarme y yo lo sabía.”
Mejor (aplicando el concepto)
“Luis evitaba mi mirada. Frotaba las llaves como cuando tiene algo que esconder. No tengo pruebas, pero algo en él me erizaba la nuca.”
Por qué funciona: La segunda versión muestra percepciones e interpretaciones, no información imposible.
La primera persona es un punto de vista poderoso cuando se usa con intención: voz definida, percepción clara y subjetividad bien gestionada. Dominarla te permitirá crear relatos más íntimos, tensos y memorables.
Mujer de furia y coraje
Y roja cual amapola
De sangre vasco-española
Comunista de linaje
Dolores, en tu memoria
Por tu lucha y por tu clase
36 años de exilio
Trajistes en tu equipaje
De las estepas de Rusia
A España, que no olvidaste
Y NUNCA te olvidaremos
PASIONARIA de coraje...

El binomio fantástico es una de las técnicas creativas más conocidas de Gianni Rodari en Gramática de la fantasía (1973). Consiste en combinar dos palabras que no guardan relación entre sí para forzar una conexión inesperada que dispare la imaginación y genere historias, personajes o situaciones.
Las palabras que han salido para este desafío son
Con ellas he montado este microrrelato
Era guapa, incluso se podría decir que era bonita, pero no me sentía atraído por ella. Y eso no cambiaría, por muchas gotas de canela que vertiera cada tarde en mi café, convencida de que el mito surtiría efecto. No se daba cuenta de que el deseo no se cocina en tazas humeantes, sino en rincones donde la química es espontánea.
Este enfoque combina focalización interna (vemos la historia a través de un personaje) con un narrador no omnisciente (no lo sabe todo, no adelanta datos ocultos, no entra en otras mentes). Resultado: inmersión, suspense y verosimilitud, a cambio de una regla de oro: solo contamos lo que ese personaje percibe, recuerda, razona o imagina.
Filtro de conciencia: cada dato “pasa” por cómo el personaje percibe/entiende. Mejor: “El olor a gas le arañó la garganta” (no “Se había producido una fuga de butano”).
léxico coherente: vocabulario, metáforas y juicios acordes a su edad, cultura, oficio. Si es enfermera: “pulso irregular”; si es carpintero: “como una tabla combada”.
Pensamiento sin abuso de cursivas: usa estilo indirecto libre para fundir voz y narración. Ej. “Se detuvo en el rellano. Otra vez la vecina. No iba a abrir.”
Información limitada: nada de “saber” lo que sienten otros salvo por indicios (gestos, tono, actos).
Distancia variable: acerca (frases cortas, sensoriales) en tensión; aleja (frases más largas) en reflexión.
“Claudia abrió la puerta sin miedo. Sabía que el ladrón ya había escapado por la azotea y que la vecina del quinto había llamado a la policía.”
“Claudia empujó la puerta. El pasillo olía a metal. ¿Sangre? En la azotea, una vibración: pasos que se apagaban. Ojalá la del quinto hubiera marcado el 091.”
“El camarero estaba furioso con ella; pensó en escupirle el café.”
“El camarero dejó la taza demasiado fuerte; el borde tintineó. La miró de reojo, boca apretada. Mejor no pedir azúcar.”
¿Hay un solo POV por escena?
¿Cada dato puede percibirse o inferirse por ese personaje?
¿El lenguaje refleja su idiolecto (sin excesos)?
¿El pasado entra por acción/objeto/diálogo, no por resumen?
¿Evitas etiquetar emociones ajenas como certezas?
[Escena X — POV: _______]
Objetivo inmediato del personaje: ________
Obstáculo visible: ________________________
3 percepciones sensoriales (propias de su mirada):
- ________
- ________
- ________
Inferencias (sin ver otras mentes):
- “Parece ________ porque ________”
Recuerdo funcional (máx. 2-3 frases) disparado por [objeto/gesto/olor]:
- ________
Salida de escena (pregunta/giro):
- ________
Escribe 120–160 palabras en 3ª limitada (POV Clara). Escenario: noche, portal; oye un golpe arriba.
Reescribe el mismo momento en 1ª limitada manteniendo solo lo que Clara percibe o infiere.
Marca en negrita 3 palabras de su idiolecto (que no usaría otro personaje).
El narrador no omnisciente con POV de personaje te obliga a elegir: qué ve, qué oye, qué interpreta. Esa limitación es una fuerza: dirige el foco, afila el tono y enciende el suspense.
Por mucho empeño que pongan Los de Segovia y Madrid La sierra hecha una mierda No hay ni sitio pa hacer pis Caos y basura a diario Fachas, locos, libertarios, Coches de guardia civil Macuteros con chirucas, y fabada litoral Vivaqueando en la nieve Cuál Jesús en el portal De un belén estudiantil Militares retirados hablan de guerra civil Monjas con mallas moradas Y con labios de carmín Venezolanos con chanclas Chinos con ojos rasgados, gorro negro y coletin Mexicanos sin sombrero Y curas con traje gris Putas buscando trabajo Muertas de frío por allí Niños con boina y chistera Que vinieron de Paris Trovadores y copleros Carteristas y trileros Y chachas de Chamberí Perros con mierda en el culo, con zurraspas y serrín Gatos con uñas pintadas en un rojo carmesí Camellos con un Ferrari Y banqueros en patín Vallekanos con guitarra tunos con dos panderetas Y algún etarra integrado Que te baila en un tejado Un aurresku en ongi etorri Con un chistu y tamboril.. Negros, chinos y mulatos Monaguillos mojigatos Y pastores maragatos De ovejas y perros flacos Van rumiando por allí Caballeros legionarios Anarquistas libertarios Y pícaros lazarillos Pidiéndote cigarrillos Para un ciego mujeriego Qué mendiga por allí Esto es el Puerto señores Más abajo está Madrid
— José Luis Ibarzábal


“La carta (enferma)” de Gabrielle Munter
Escribí el desafío en forma de “Caja negra”, si conocer a la autora, ni la época, ni su intención, aunque he de sentirme contento de que no me desvié demasiado ni de la temática ni del sentido, solo me confundí de conflicto.
Este cuadro me lleva a las primeras decádas del siglo XX. El decorado, los pocos dibujados peinados, la lámpara.
Dos mujeres. Una vestida de negro nos dice que está de luto que ha perdido a alguien querido.
La otra en la cama, aquejada de una debilidad o enfermedad que viene a ser casi lo mismo.
Una de ellas de luto nos lleva a una guerra, una de las grandes guerras que asolaron el mundo en la primera mitad de ese siglo.
Y la carta…, la última carta desde el frente del soldado que suponemos muerto, o la carta de un soldado todavía vivo.
Leamos pues la carta.
“Bélgica, 12 de diciembre de 1944
Mi querida Lisette,
Hoy he encontrado un momento tranquilo, y lo primero que he querido hacer es escribirte. Aquí el clima no acompaña mucho, llueve sin parar y hace un frío que nos obliga a mantenernos siempre en movimiento. Pero no te preocupes, estamos bien y hacemos lo mejor que podemos para mantenernos cálidos y animados.”
Lisette, recostada en la cama, quería imaginar cómo sería el frente donde estaba Frank. A veces pensaba en una llanura inmensa, venteada y nevada; otras, en un río ancho, bravo y caudaloso que separaba a los combatientes. En ocasiones, incluso se lo figuraba como un bosque oscuro, tupido y traicionero, donde cada árbol podía ocultar un peligro. Pero, más allá de sus conjeturas, siempre volvía a una imagen constante: la de Frank, con su sonrisa calmada, encontrando una manera de sobrellevarlo todo.
Margot, sentada en una silla al lado de la cama, siguió leyendo la carta en voz alta.
“Esta mañana hemos tenido un rato que nos ha sacado una sonrisa. James, que siempre parece tan serio, nos sorprendió con un concierto improvisado. Con una vieja caja de madera se puso a ‘tocar’ algo parecido a música, y no pudimos evitar unirnos a su ritmo. Fue uno de esos pequeños momentos que nos recuerdan que incluso en los días más grises se puede encontrar un poco de alegría.”
Margot dejó escapar una sonrisa mientras leía. Aunque lo había leído muchas veces, siempre le sorprendía la habilidad de Frank para transmitir optimismo. Qué diferente era de Tommy, que en sus cartas describía, con un exceso de sinceridad, el horror del frente.
Se inclinó hacia la mesa, tomó la cafetera y sirvió una taza caliente tanto para Lisette como para sí misma. Había algo reconfortante en mantener sus pequeños rituales, incluso en medio de la incertidumbre.
“Sé que esperábamos estar juntos esta Navidad, pero parece que tendremos que esperar un poco más. Todos aquí confiamos en que la primavera nos traiga el fin de esto y nos permita volver a casa, donde realmente pertenecemos. Hasta entonces, quiero que sepas que pienso en ti todos los días y que mi mayor deseo es volver a tu lado.”
Margot pensó en la última carta que recibió de Tommy. En ella, él había prometido que en Navidad todo habría acabado y estarían en casa. Promesas que, con el paso del tiempo, se convirtieron en un ciclo cruel: en verano decían que para invierno, ahora que el otoño había pasado, confiaban en la primavera. Pero Margot ya sabía que en primavera, si acaso llegaban nuevas promesas, dirían que sería para el verano.
La siguiente carta que recibió de Tommy no llevaba sus palabras. Venía del Cuartel General y, con una frialdad que todavía la hacía estremecer, le informaba de su muerte en combate. Las frases reconfortantes que seguían eran un sinsentido: “un héroe para su patria”, “sacrificio necesario”, bla, bla, bla. Nada de eso llenaba el vacío que había dejado.
Desde entonces, las cartas de Frank eran el único nexo con una esperanza lejana. Desde que ellos se fueron al frente, Lisette y Margot habían adoptado el hábito de intercambiar las cartas para leerlas en voz alta. Incluso cuando Lisette cayó enferma, nada cambió, salvo el salón por la habitación y el traslado de la pequeña mesa, donde aún degustaban juntas el café.
“Cuida mucho de ti, mi amor, y recuerda que en cada cosa que hago estás tú. Este tiempo lejos solo hará que valoremos aún más lo que compartimos.
Con todo mi cariño,
Siempre tuyo,
Frank”
Lisette cerró los ojos plácidamente y se sumió en una somnolencia. Margot dobló la carta con cuidado, alisando los bordes desgastados, y la dejó junto a las tazas vacías en la mesita. Allí esperaría hasta mañana, cuando probablemente sería leída otra vez. O tal vez el día traería nuevas noticias, esperadas con ansias o temidas en silencio. Mientras apagaba la lámpara de la mesita, no pudo evitar preguntarse si algún día recibirían el final prometido en tantas cartas.
La puntuación no solo separa ideas: marca el pulso emocional de la escena. En este post abro un fragmento cualquiera y le hago una intervención mínima para que el ritmo pase de plano a tenso sin cambiar el contenido.
El pasillo quedó vacío y la luz del patio entró como un hilo, ella detuvo el paso para escuchar mejor pero solo oyó el agua en la pila y el murmullo de la calle, pensó en volver a su cuarto y sentarse, quizá escribir algo, quizá esperar.
• Fraseo isócrono: varias oraciones de longitud similar que aplanan el pulso.
• Comas en cadena: listados que crean “rumor” en lugar de latido.
• Puntos tardíos: la acción llega “tarde” y el énfasis se pierde.
Objetivo: convertir la enumeración en tres golpes y dejar un silencio de sospecha.
Después (1):
El pasillo quedó vacío. La luz del patio entró como un hilo. Ella detuvo el paso. Escuchó. Agua en la pila; el murmullo de la calle. Pensó en volver al cuarto y sentarse. Escribir. Esperar.
Qué cambia:
puntos cortos en la primera mitad (percepción fragmentada) y frases monoverbales al final para comprimir la voluntad. El lector respira menos, por diseño.
Objetivo: crear micro-tensión sin añadir información nueva, solo con pausas y contraste.
Después (2):
El pasillo quedó vacío. La luz del patio entró como un hilo. Ella detuvo el paso y escuchó: agua en la pila; calle. Dudó. Volver al cuarto y sentarse. Escribir—no. Esperar.
Qué cambia:
dos recursos: dos puntos para “enfocar” lo oído; guion largo para simular una objeción interna. La progresión lógico–emocional queda a la vista sin explicarla.
Después (final):
El pasillo quedó vacío. La luz del patio, un hilo. Se detuvo: agua en la pila; calle. Dudó. Volver y sentarse. Escribir—no. Esperar. El latido le contestó desde la puerta cerrada.
Nota: Añadí una imagen-cierre (“el latido… desde la puerta”) que condensa tensión sin explicar nada. Si no quieres añadir imagen, conserva el cierre en “Esperar.”

• Un golpe, un punto. Acción o percepción significativa → punto. Evita encadenar tres acciones clave con comas.
• Dos puntos para foco. «Escucha: …» «Ve: …» Sirven para “acercar” lo relevante.
• Punto y coma para respiración tensa. Úsalo como “medio punto” donde cortar del todo aflojaría demasiado.
• Guion largo como bisagra del subtexto. «Escribir—no.» simula rectificación/objeción sin narrador explicativo.
• Varía la longitud. Alterna corto/medio. Tres frases iguales seguidas = meseta.
• Subraya el verbo núcleo de cada oración. Si hay dos, probablemente sobra una coma: convierte en dos frases.
• Marca la imagen más concreta del párrafo; acércala al final (cierre con efecto) o al principio (gancho).
• Convierte una oración en monoverbal (p. ej., «Escuchó.» «Dudó.») cuando quieras apretar el ritmo.
• Reemplaza una coma por punto y coma en el momento de máxima tensión respiratoria.
• Lee en voz alta. Donde te falte aire, punto. Donde la frase te pida contraste, dos puntos o guion largo.
[Texto original de 60–120 palabras]
Segmenta en golpes de acción/percepción: – ... – ... – ...
Decide el latido: [lento / medio / tenso] – Cortes (.) en: ... – Focos (: ) en: ... – Tensión (; / —) en: ...
Imagen cierre: – ...
Antes: El pasillo quedó vacío y la luz del patio entró como un hilo, ella detuvo el paso para escuchar mejor pero solo oyó el agua en la pila y el murmullo de la calle, pensó en volver a su cuarto y sentarse, quizá escribir algo, quizá esperar.
Después: El pasillo quedó vacío. La luz del patio, un hilo. Se detuvo: agua en la pila; calle. Dudó. Volver y sentarse. Escribir—no. Esperar.
La “escena imán” es tu apertura: el primer bloque que fija la atención del lector y le promete una historia concreta. No es un resumen ni un prólogo enciclopédico. Es un momento en marcha, con foco y fricción dramática suficiente para que la lectura continúe.
“Me mudé a esta ciudad porque necesitaba empezar de cero. La gente dice que es peligrosa, pero yo soy valiente y no me asusto fácilmente. Aquella mañana llovía mucho y estaba muy cansado de tanto viaje. Tenía una entrevista importante por la tarde.”
“La portera no me abrió. Golpeé otra vez. El felpudo chorreaba sobre mi maleta y, del otro lado, una radio mascaba noticias de sucesos.
—Vengo por el anuncio —dije.
El cerrojo rascó. Se abrió lo justo para que saliera un olor agrio.
—Llegas tarde. El piso ya no está libre.”
Qué cambió: hay acción mínima (golpear/llamar), foco (quien, objetivo: conseguir piso), detalle ancla (radio de sucesos, felpudo, olor), promesa de género (posible novela negra), pregunta dramática (¿que hacer ahora bajo la lluvia?).
Una buena apertura no es “brillante” por adjetivos, sino porque coloca una pieza en movimiento que el lector quiere seguir mirando. Si dudas, elimina explicación, eleva fricción, siembra un ancla y sal por pregunta.