Juanma escribe

En “Crónica de una muerte consentida” empleo referencias reconocibles —Shakespeare, Clarín, Sampedro y la tradición de la “crónica”— integradas con varias de las formas de alusión que describo en “Cómo referenciar otras obras en tu relato (sin cruzar la línea del plagio)”. El texto pretende sostenerse por sí mismo; quien detecta los guiños obtiene capas adicionales de lectura.

Además, sigo una estrategia de doble referencia por obra:

  • Primera referencia (sutil): pensada para quien ha leído la obra o la conoce por teatro/cine; funciona como guiño reservado.
  • Segunda referencia (explícita): abro más la puerta y dejo “deslizar” casi el título o un rasgo inconfundible, sin llegar a la cita literal.

1) Montescos y Capuletos: alusión y contraste

«…eran conocidas como los Montesco y Capuleto de Vetusta.»

Cómo lo hago en dos tiempos:

  • Guiño sutil: activo el arquetipo de rivalidad con un detalle de comportamiento o atmósfera (la lógica de bandos, la imposibilidad de reconciliarse) sin nombrar aún a Shakespeare; el lector iniciado reconoce el patrón.
  • Alusión explícita: después de mencionar “Montesco y Capuleto”, me acercial título implícito de Romeo y Julieta y subrayo el contraste/parodia: aquí no hay amor redentor, solo rencor heredado.

Técnicas: alusión directa + contraste/parodia. Busco que incluso sin la referencia el conflicto se entienda por contexto.

2) Vetusta, Ana Ozores y Álvaro Mesía: intertexto con Clarín

«…Vetusta, la provinciana ciudad donde Ana Ozores tuvo encuentros y desencuentros con Álvaro Mesía…» «…don Leopoldo… La Regenta…»

Cómo lo hago en dos tiempos:

  • Guiño sutil: introduzco el aire de provincia, hipocresía y faccionalismo (miradas, sermones, murmullos) sin nombrar todavía a Clarín; quien conozca La Regenta se hará una idea más clara del ambiente.
  • Alusión explícita: cito a “don Leopoldo”, dejando a un paso del título La Regenta. No reescribo escenas: traslado el marco moral a mi conflicto.

Técnicas: alusión explícita + intertexto estructural (atmósfera y arquetipos), siempre evitando la literalidad.

3) Sampedro: motivo y guiño a La sonrisa etrusca

«…como diría Bruno, bueno, Salvatore Roncone.» «…no quería acabar como Salvatore Roncone, mirando una estatua etrusca y sonriendo.»

Cómo lo hago en dos tiempos:

  • Guiño sutil: dejo trazas del motivo etrusco (la aceptación ante la muerte, una sonrisa contenida, una pieza de museo) para que el lector familiarizado intuya a Sampedro.
  • Alusión explícita: ya nombró a Salvatore Roncone y la estatua etrusca, rozando el título La sonrisa etrusca sin citarlo. Uso el símbolo en negativo: donde Roncone halla cierta reconciliación en la obra original, en este relato mío el rencor llega a la muerte, incluso más allá

Técnicas: alusión + motivo simbólico, sin copiar tono ni escenas.

4) Título y arranque: homenaje estructural a la “crónica”

La cercanía del título con Crónica de una muerte anunciada y el arranque que revela el final desde la primera línea funcionan como homenaje estilístico y intertexto estructural: adopto el procedimiento de anticipar el destino y reconstruir el trayecto.

Cómo lo hago en dos tiempos:

  • Guiño sutil: empleo la arquitectura de crónica (se sabe el desenlace desde el principio, se siguen causas y efectos) sin nombrar a García Márquez.
  • Alusión explícita: el título “Crónica de una muerte consentidadesliza la referencia a “anunciada” y declara la torsión: no hay asesinato socialmente cantado, hay consentimiento por desgaste, duelo y enfermedad.

Técnicas: homenaje estilístico + intertexto estructural (procedimiento narrativo), reorientado a mi tema.

5) Integración orgánica: la voz como criterio

Procuro que las referencias nazcan de la perspectiva del narrador y cumplan una función narrativa: no son rótulos externos. Montesco/Capuleto clarifica el conflicto; Vetusta define el clima moral; Sampedro aporta contrapunto simbólico; la “crónica” marca ritmo y expectativa. Busco guiños económicos y orgánicos: que el texto se sostenga incluso si nadie detecta una sola cita.

Mapa rápido: referencias → técnica → “dos tiempos”

  • Shakespeare (Romeo y Julieta)Alusión + contraste/parodia
    • Sutil: “Montesco y Capuleto” patrón de rivalidad reconocible.
    • Explícita: Romeo y Julieta (título implícito).
  • Clarín (La Regenta)Alusión explícita + intertexto estructural
    • Sutil: atmósfera provinciana (Vetusta), hipocresía moral (Ana Ozores, Mesía).
    • Explícita: Referencia directa a Clarín: “don Leopoldo” y título directo
  • Sampedro (La sonrisa etrusca)Alusión + motivo simbólico
    • Sutil: Rusca (como llama a su cáncer) y nombre Salvatore Roncone.
    • Explícita: estatua (título insinuado).
  • Gabo (Crónica de una muerte anunciada)Homenaje + intertexto estructural
    • Sutil: arquitectura de crónica.
    • Explícita: “Crónica de una muerte consentida” (título torcido).

Sugerencias que me planteo

  1. Microatribución en nota final (“Guiños: Shakespeare, Clarín, Sampedro, García Márquez”): opcional, curatorial, sin necesidad legal si no cito literalmente.

  2. Afilado léxico del motivo etrusco: una pista clínica (“tumor”, “metástasis”) intensifica el diálogo con Sampedro.

  3. Cierre temático del “consentimiento”: dos líneas finales que unan “consentir” con “privarle de la gloria” redondean la tesis del título.

Conclusión

Las referencias en “Crónica de una muerte consentida” se articulan en dos pulsos —primero el guiño para iniciados, luego la alusión casi titular— y se ajustan a las buenas prácticas: reutilizo estructuras, arquetipos y motivos, no expresión literal; integro los guiños en la voz y les asigno función clara. Así, Vetusta aporta marco moral, Shakespeare un arquetipo invertido, Sampedro un símbolo en negativo y la “crónica” la arquitectura temporal. Resultado: un texto autónomo que, para quien reconozca los guiños, se expande en capas de lectura.

Las historias hablan entre sí. Toda ficción dialoga con lo que vino antes: guiños, citas, homenajes, reescrituras. Bien usado, ese diálogo enriquece tu texto; mal usado, te mete en problemas de originalidad o de derechos.

Aquí tenemos algunas posibilidades de hacerlo

1) Formas de referencia (de más explícitas a más sutiles)

a) Cita textual breve

Reproduces unas pocas palabras o una frase corta y atribuyes la fuente.

Cuándo usarla: para marcar una voz ajena (epígrafe, diálogo, carta).

Cómo hacerlo: comillas + autor/obra.

«Navegar es necesario…», recuerda Marta, pensando en La Odisea.

Tip: si la cita supera lo “breve”, mejor resume o pide permiso.

b) Parafraseo con atribución

Trasladas el sentido con tus palabras y nombras la fuente.

“Al revés que en Tolstói, sus reconciliaciones no eran iguales y sus distancias siempre lo eran de la misma manera”

(Ver relato completo)

Peligro común: el parafraseo mosaico (cambiar sinónimos manteniendo la estructura del original). Evítalo.

c) Alusión / guiño

Referencia indirecta que el lector reconoce por contexto.

“..cuyos apellidos no importan, pero que eran conocidas como los Montesco y Capuleto de Vetusta…”

(Ver relato completo)

Funciona si: la escena se sostiene aunque el lector no capte el guiño.

d) Homenaje estilístico (pastich)

Emulas recursos de otro autor (ritmo, sintaxis, focalización), sin copiar frases ni tramas.

Bien: adoptar el tono telegráfico de Hemingway.

Mal: calcar enunciados de El viejo y el mar.

e) Intertexto estructural (motivo, arquetipo, patrón)

Reusas estructuras universales: viaje del héroe, triángulo amoroso, “investigación que revela al investigador”…

Clave: tu expresión y combinatoria deben ser propias (personajes, voz, mundo, conflictos).

f) Reescritura / retelling

Retomas un mito o clásico desde otra perspectiva

Asegúrate de: aportar mirada y trama nuevas; no “cambiar nombres” al original.

g) Epígrafe curado

Abres capítulos con citas breves y pertinentes.

Reglas rápidas: brevedad + atribución exacta + coherencia temática.

h) Parodia y contraste

Imitas para transformar con finalidad crítica, humorística o de contraste.

Evita: reproducir extensamente la forma exacta del original.

i) Collage documental (falso o real)

Integras recortes (cartas, noticias, diarios).

Si es real: comprueba derechos; si es inventado, deja claro en el texto que lo es.

2) Límites: dónde está la frontera del plagio

  • Idea vs. expresión: Las ideas, temas y estructuras no se protegen; la expresión concreta (frases, escenas, diálogos, orden original) sí.
  • Originalidad suficiente: Tu texto debe mostrar aporte propio (voz, selección, combinación, propósito).
  • Derecho de cita: permite citas breves, con finalidad de análisis, comentario o juicio crítico, proporcionales al fin, y con atribución (autor y fuente). Para epígrafes, aplica el mismo criterio de brevedad y propósito. (Esto es una orientación genera no os lo toméis como algo seguro).
  • Parafraseo tramposo: Cambiar palabras manteniendo estructura y orden del original puede ser plagio.
  • Acumulación: muchas citas “breves” que, sumadas, reconstruyen el original → riesgo alto.
  • Traducciones: traducir un fragmento protegido no lo hace libre; sigue siendo obra derivada.
  • Domino público: si la obra es muy antigua (ha expirado el copyright), puedes usarla, pero ediciones modernas pueden tener derechos sobre notas, prólogos o ediciones críticas.

3) Cómo agregar referencias sin perder tu voz

  • Función narrativa primero: cada referencia debe hacer avanzar personaje, conflicto o tema.
  • Capas de lectura: que el guiño sume a quien lo reconozca, pero que el texto funcione solo.
  • Economía: un guiño certero vale más que diez nombres propios.
  • Integración orgánica: que la referencia nazca del punto de vista del personaje, no del autor hablando por encima.

#procesos

Voy con paso tranquilo hacia mi cita, una cita en la que estoy casi seguro de que me van a asesinar.

Me imagino al lector incrédulo preguntarse: ¿Cómo sabe que lo van a matar? Y todavía preguntarse más sorprendido: ¿por qué acude a esa cita?

La verdad es que si hubiera empezado por el principio, el lector no habría pasado del primer párrafo, pero con esta entrada seguro que aguantará hasta el final del relato, e incluso me perdonará la falta de suspense del mismo, porque ya sabe cómo va a acabar.

Decir que mi anfitrión y yo pertenecemos a dos familias, cuyos apellidos no importan, pero que eran conocidas como los Montesco y Capuleto de Vetusta.

Sí, sí. La misma Vetusta, la provinciana ciudad donde Ana Ozores tuvo encuentros y desencuentros con Álvaro Mesía hace ya muchos años, tantos, que yo no había nacido.

Bueno, a lo que íbamos: nuestra rivalidad podía dejar a veces empequeñecida la de esas familias de Verona, pero a diferencia de ellos, no tuvimos una Julieta y un Romeo que dieran aires de gran tragedia a nuestro antagonismo, quedando simplemente en odio puro.

Era tal nuestra confrontación, que en la cainita contienda que sufrió este país, bastó que una de nuestras familias se alineara con un bando para que la otra se apuntara al otro, sin plantearse si políticamente era afín.

Por si todavía alguien lo piensa, aunque creo que está meridianamente claro, nuestro odio no viene de esa guerra, viene de mucho antes.

Realmente no sé desde cuándo; quizá don Leopoldo, en su novela, puede que lo mencione, pero como no he leído La Regenta, no puedo afirmarlo ni negarlo.

Y aquí quedamos los dos, los últimos vástagos de cada familia. Bueno, esto lo he dicho por dar dramatismo; realmente quedamos muchos, pero en Vetusta solo quedamos dos.

Los demás marcharon buscando nuevas oportunidades, y cada kilómetro que les separaba de nuestra ciudad disolvía el odio ancestral, hasta el punto que, llegados a sus nuevos hogares, de ese rencor solo quedaba un tenue recuerdo.

Y aquí quedamos los dos últimos viejos, cansados y enfermos. Porque, como una burla del destino, ambos enfermamos de una rusca —como diría Bruno, bueno, Salvatore Roncone.

Cuando mi hijo me propuso ir a la capital a tratarme la rusca, me negué: no quería acabar como Salvatore Roncone, mirando una estatua etrusca y sonriendo.

Maldita rusca. A mí se me agarró al hígado, y a mi anfitrión —y, en breve, mi asesino—, se le agarró a los pulmones.

Cuántas veces, cada vez que le veía encender un cigarro con los restos del otro, yo ya me lo imaginaba con los pulmones devorados.

Claro que seguro que él debería pensar lo mismo de mi hígado, cuando veía cómo la botella se vaciaba en mis manos a lo largo de la tarde.

Y solo quedamos los dos: viejos, renqueantes, enfermos y con los días contados. Solo con la esperanza de ver pasar el féretro del otro.

Pero parece que hemos decidido que es mejor tomar alguna iniciativa, cansados de ver cómo la enfermedad nos devora.

Y la ha tomado él. Pero no voy a presentar batalla, no al menos como él espera.

Haré como esos luchadores que, viendo que pueden perder, abandonan la palestra y privan a su rival de una victoria con gloria.

Él será el superviviente, simplemente porque yo quiero, no porque me haya ganado.

Y se quedará sufriendo los dolores que le haga padecer su rusca, y dándole vueltas a la cabeza hasta darse cuenta de que no ganó: simplemente, yo abandoné.

Llego a su casa. La puerta está abierta. La abro y lo último que veo en esta vida es el negro cañón de una escopeta apuntando a mi pecho.

#relatos

Situación: Nuestro personaje está en un atasco

  1. Verbo dominante: alterarse (querer forzar el avance).

  2. Gesto ancla: toca el claxon en ráfagas y tamborilea el volante.

  3. Objetivo / Carencia: llegar a tiempo / creencia: “si no llego puntual, me lo recriminarán”.

  4. Microcambio: quita las manos del claxon, enciende los warning, llama para avisar… y entra a la gasolinera a por café.

Mini-escena (6–8 líneas) — mostrar, no explicar

El atasco es una cuerda tensa: una, dos, tres ráfagas de claxon.

Él tamborilea el volante como si pudiera empujar la fila con los dedos.

Una ambulancia suena a lo lejos y todos abren huecos menos su carril.

Mira el reloj, calcula excusas, se oye a sí mismo en reuniones pasadas hablando de puntualidad.

Apaga el claxon a mitad de un impulso, pone los warning y baja la ventanilla.

—Llego tarde —dice por teléfono—. Llego bien.

Gira hacia la gasolinera, deja que el olor a café le enjuague la prisa.

Por primera vez, el tiempo no corre: respira.

#procesos #personajes #creacion

Situación: Nuestro personaje está en un atasco

  • Verbo dominante: alterarse (querer forzar el avance).
  • Gesto ancla: toca el claxon en ráfagas y tamborilea el volante.
  • Objetivo / Carencia: llegar a tiempo / creencia: “si no llego puntual, me lo recriminarán”.
  • Microcambio: quita las manos del claxon, enciende los warning, llama para avisar… y entra a la gasolinera a por café.

Mini-escena (6–8 líneas) — mostrar, no explicar

El atasco es una cuerda tensa: una, dos, tres ráfagas de claxon.

Él tamborilea el volante como si pudiera empujar la fila con los dedos.

Una ambulancia suena a lo lejos y todos abren huecos menos su carril.

Mira el reloj, calcula excusas, se oye a sí mismo en reuniones pasadas hablando de puntualidad.

Apaga el claxon a mitad de un impulso, pone los warning y baja la ventanilla.

—Llego tarde —dice por teléfono—. Llego bien.

Gira hacia la gasolinera, deja que el olor a café le enjuague la prisa.

Por primera vez, el tiempo no corre: respira.

Un personaje convincente no nace de una única idea, sino de la superposición de capas que se sostienen entre sí.

Propongo cinco, de fuera adentro: conducta, contexto, conflicto, contradicción y conciencia.

Trabajarlas en este orden ayuda a escribir escenas que “respiran”: el lector reconoce al personaje por lo que hace, entiende por qué actúa así, siente qué lo empuja y lo frena, descubre su grieta humana y percibe una evolución.


1) Conducta (lo visible)

Es lo primero que percibimos: modo de moverse, hablar, reaccionar. La conducta crea huellas repetibles.

Señales rápidas:

  • Verbo dominante: huir, observar, imponer, cuidar, desafiar.
  • Ritmo: ¿frases cortas como latigazos o largas y sinuosas?
  • Gesto ancla: tic físico que reaparece (morderse el labio, ajustar las gafas, contar baldosas).

2) Contexto

El contexto no es decorado: es condición. Lugar, oficio, vínculos, época; todo delimita posibilidades y abre puertas.

Mapa mínimo:

  • Lugar/época: reglas que impone.
  • Oficio/clase: qué sabe hacer, qué no puede permitirse.
  • Vínculos: quién lo sostiene y quién lo hunde.
  • Deudas: ¿qué le debe al mundo y qué le debe el mundo a él?

Presión contextual en 1 línea (pon una por escena):

“El jefe puede entrar en cualquier momento.” / “El tren no espera.” / “La vecina oye todo tras el tabique.”

3) Conflicto (lo que le empuja y lo que le frena)

Un personaje vive entre lo que quiere y lo que teme/cree.

Doble tensión:

  • Objetivo externo (medible): conseguir el ascenso, cruzar la frontera, salvar a X.
  • Carencia interna (creencia/miedo): “si cedo, me borran”, “no soy suficiente”, “control o abandono”.

4) Contradicción (lo humano)

Sin contradicción, el personaje es un eslogan. La paradoja operativa—actuando en escena—lo humaniza.

Paradojas útiles:

Valiente en público / cobarde en lo íntimo • Cuidadoso con otros / negligente consigo • Busca la verdad / miente para protegerse • Lidera / depende del reconocimiento.

Tip: decide una grieta que entre en juego hoy. No la expliques: aparece cuando hace lo opuesto a su etiqueta porque el contexto lo exige.

5) Conciencia (voz interior y evolución)

La conciencia es la capacidad de verse—torpemente, a veces—y cambiar.

Claves prácticas:

  • Voz interior: ¿cómo se narra a sí? (verbo que usa para justificarse).
  • Toma de conciencia incremental: pasos mínimos pero visibles.
  • Microcambio por escena: un gesto que cierra distinto de como abrió.

Plantilla

  • Conducta (verbo + gesto): __________
  • Contexto (presión en 1 línea): __________
  • Conflicto (objetivo / carencia): __________
  • Contradicción (grieta hoy): __________
  • Conciencia (microcambio visible): __________

#procesos #personajes #creacion

Los giros no siempre nacen de grandes revelaciones. A veces bastan tres palabras y un gesto para cambiar el rumbo. La clave: que el comportamiento visible del personaje contradiga lo que esperábamos de él y active nuevas consecuencias. Aquí tenemos tres detonantes mínimos

  1. “Devuelve las llaves”

  2. “borra el mensaje sin enviarlo”

  3. “se sienta del lado contrario de la mesa”

“Devuelve las llaves”

Qué sugiere: renuncia, cierre, traspaso del poder.

Giro conductual: el personaje rompe el plan que le convenía a corto plazo y abre una línea dramática más honesta o más peligrosa.

Conflicto nuevo: pierde acceso; si quiere volver, tendrá que pedir o asumir consecuencias.

Contradicción humana:

  1. Quien necesitaba control elige vulnerabilidad.

  2. Conciencia: microcambio visible (acepta un límite).

Usos típicos:

  1. Cierre de relación

  2. Etica que prevalece sobre conveniencia

  3. Salto de madurez.

Variante oscura: las devuelve como señuelo para que confíen; en realidad tiene otra copia. El giro muta a engaño.

“Borra el mensaje sin enviarlo”

Qué sugiere: contención, secreto, cambio de táctica.

Giro conductual: el personaje no hace lo que parecía inevitable; el silencio se vuelve acción.

Efecto dramático: Conflicto nuevo: deberá afrontar en persona lo que iba a delegar al texto; cambia el campo de batalla.

Contradicción humana: la impulsiva piensa; el frío calculador tiembla y calla.

Conciencia: microcambio: aprende a postergar la descarga, gana agencia.

Usos típicos: salva una relación que el mensaje incendiaba; pospone una guerra y fuerza un encuentro.

Variante oscura: no lo envía porque alguien está mirando. El giro abre paranoia: ¿quién controla a quién?

“Se sienta del lado contrario de la mesa”

Qué sugiere: cambio de alineamiento, negociación asimétrica, traición o alianza inesperada.

Giro conductual: sin decirlo, el personaje cambia de bando (o se muestra dispuesto a hacerlo).

Efecto dramático: Conflicto nuevo: los “opuestos” se vuelven binomio; provoca celos, sospechas o cambio de estrategia del tercero.

Contradicción humana: quien defendía la distancia acerca el cuerpo y el punto de vista.

Conciencia: microcambio de perspectiva literal → nueva mirada narrativa.

Usos típicos: reconciliación silenciosa, pacto a espaldas de un tercero, giro de poder en reuniones.

Variante dura: se sienta a ese lado… para clavar la puñalada. La proximidad no era alianza, era ejecución.

Efecto

  • ¿El gesto contradice un patrón visible establecido antes?
  • ¿Se ve la consecuencia en el mismo párrafo (no solo en la siguiente escena)?
  • ¿Cierra con un microcambio de conciencia (“hoy ya no soy exactamente el mismo”)?
  • ¿El gesto abre una nueva obligación dramática ?

#procesos

Si te sirve, compártelo o cuéntame qué paso te cambia más el texto. Más relatos y proceso: @juanmaescribe. (X y BlueSky)

Pringoso aún, con el poco azúcar que quedaba pegado, el palito que había sostenido la gran nube de algodón que él había comprado seguía en su bolso. Qué locura de tarde en la feria: entre vueltas, acelerones y vaivenes intentaban recomponer esa crisis de pareja que, aunque se venía fraguando desde hacía tiempo, estalló la semana pasada. Y así, entre mordisco y giro, se acercaban; al siguiente mordisco, volvían a alejarse. Mientras los acercamientos, los giros y los nuevos distanciamientos se repetían, el algodón se iba acabando. Al revés que en Tolstói, sus reconciliaciones no eran iguales y sus distancias siempre lo eran de la misma manera. El algodón se consumía como la tarde, como el tiempo que se habían dado. Miró el palo: estuvo a punto de tirarlo, pero lo guardó. No sabía si era el final de algo que moría o el principio de algo nuevo.

#relatos

Consigna: Escribir un relato que empieza por: “Me encontré a Julia en el armario de Jaime”.

Preámbulo (cómo llegué al texto)
La primera idea que me vino a la cabeza fue un relato de enredo, quizá porque, en la época en que uno era más permeable a la música, no dejaba de sonar machaconamente aquel estribillo de Raffaella Carrà: “...una mujer en el armario, ¡qué dolor!, ¡qué dolor!”. Pero las canciones de Carrà nunca me gustaron. Y, he de admitirlo, le tenía cierta manía —sin saber por qué—, una de esas antipatías inexplicables que uno arrastra sin llegarse a cuestionar.
La siguiente asociación fue más fantasmal: pensé en el armario de Las crónicas de Narnia. Y, desde allí, como arrastrado por una corriente subterránea, llegué a Lovecraft y sus umbrales enigmáticos, llenos de presencias oscuras y terrores ancestrales.
De ese flujo de imágenes surgió este relato.


Relato

Me encontré con Julia en el armario de Jaime. Su tez, que yo recordaba bronceada, estaba pálida, sus ojos vivaces estaban fijos, mirando un punto mas allá de la puerta del armario, ahora abierta y más allá de la habitación donde me encontraba, ¿Por qué abrí la puerta del armario?. Era el armario de Jaime, era la habitación de Jaime, era la casa de Jaime. Esa casa donde hace apenas unas horas habíamos cenado los dos, esa habitación donde hacía menos de media hora yo estaba intentando dormir. Sí, recuerdo todo eso, pero ¿por qué abrí el armario?. Recuerdo la suave música, pero recuerdo mejor lo que pasó antes, desde que me presenté en casa de Jaime con una pizza en una mano y un pack de latas de cerveza en la otra. Sé que fue un atrevimiento, quizá debería haber respetado su luto, pero soy así, comportándome como una cría impaciente cuando quiere conseguir algo. Quería a Jaime, lo quería ya y ahora. No había hecho más que sentarme en la mesa de la pequeña cocina cuando me di cuenta de mi error, pero yo, egoístamente seguía ahí. Ademas de impaciente acostumbro a ser tremendamente egoísta. Ni respeté que aún hubiera fotos de Jaime y Julia en las paredes, junto a figuras de su gusto. Hablé, dije lo que no debía, lo que Jaime estoicamente escuchaba, lo que no deseaba oír, y bebí. Cuanto más veía el rostro de Jaime pasar de indiferencia a dolor contenido, más bebía. Sólo recuerdo cuando me dijo: “ya has bebido suficiente, no estás en condiciones de ir a tu casa” y me llevó a su habitación. Me dejó en cama con suavidad y ya desde la puerta antes de apagar la luz me dijo “Mañana veras todo distinto, si necesitas algo estoy durmiendo en el salón”. Imbécil de mí, incluso llegue a pensar cuando me llevaba a la habitación, que sería nuestra noche. En la oscuridad, mientras la habitación me daba vueltas, no sabía si reírme u odiarme a mi misma por esa ocurrencia. La habitación dejó de dar vueltas y a cambio una melodía, extraña melodía, empezó a llenar el espacio a mi alrededor, al cabo de un rato pude empezar a notar que esa música procedía del armario. Me levanté y según me acercaba al armario podía distinguirla mejor. Acerqué la mano al tirador de la puerta, la retiré. Era su armario, con sus cosas. Pero también fue el armario de Julia, y puede que dentro también hubiera cosas suyas. “¡Basta!, ya has hecho bastante el ridículo esta noche como para acabarla haciendo otra tontería” La hice, hice otra tontería y abrí la puerta del armario. No, no había ropas ni efectos personales de Jaime, ni de Julia, pero allí estaba Julia. Ni ropa, ni cualquier otro objeto, por haber no había ni fondo, solo un vacío negro. Pero un negro cambiante. Cambiaba de color negro a color negro, pero negros distintos. Cambiaba siguiendo la pauta de la música. Me di cuenta de que la música solo tenía una nota, ejecutada de diferentes formas . Sonido y oscuridad se sincronizaban en una melodía envolvente, y una brisa tenue la seguía en intensidad siguiendo la misma melodía mientras en el centro de mi campo visual Julia empezó a alejarse en el vacío negro que cambia de tono. ¿Se alejaba o simplemente se hacía mas pequeña?. Me invitaba a entrar en el armario a seguirla y mientras entraba en el armario y me sumergía en esa oscuridad supe que al morir Julia ese amor se había detenido en el tiempo e impulsado a la eternidad.

#relatos

Textos nacidos en taller: consignas breves, límites claros y el placer de probar voces nuevas. Aquí reúno mis ejercicios de escritura y lo que aprendí al hacerlos.

Cómo funciona

  • Cada desafío parte de una consigna (imagen, palabra, estructura o restricción).
  • El texto resultante es breve (≤ 800 palabras) y va acompañado de una nota de proceso.
  • Cuando la consigna sea abierta, invitaré a quien lea a sumar su versión en comentarios o en redes.

Índice (en crecimiento)

  • El armario de Jaime
  • (Pronto) Canela bonita
  • (Pronto) La nariz torcida

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