Hay poemas que empiezan como canción y terminan como editorial. Este es uno de ellos.
José Luis Ibárzabal convierte el almanaque de junio en un pretexto perfecto: los santos, los refranes, el trigo maduro… y de ahí, sin soltar el hilo del verso, al Corpus Christi en Toledo, al Papa en Madrid, a la España laica-en-la-Constitución-pero-beata-en-el-alma.
El poema cambia de piel a mitad de camino —como avisa él mismo con un guiño: “pa no ser mojigato, ni católico beato”— y lo que empezó como copla popular termina como retrato feroz de una liturgia política que, a su manera, tampoco ha perdido el gusto por las procesiones.
BENDITO SEA EL MES DE JUNIO
Bendito sea el mes de junio
Desdé tiempo inmemorial
Destacando cuatro santos
Todos dignos de refrán
Por el trece San Antonio
Once días después San Juan
Ése que bautizo a Cristo
Con el agua del Jordán
Pedro y Pablo de la mano
Al final del mes vendrán
Cuando el trigo y la cebada
Están pa recolectar
Pero no nos olvidemos
De la fiesta principal
Ese mito de la iglesia
Que inventaron pa adorar
No fue al becerro de oro
Sino otro talismán
Corpus Cristi, que es la hostia
Brillando en un pedestal
Es un jueves aleatorio
Que según caiga da igual
En Toledo lo celebran
Desde tiempo inmemorial
Y si de jueves hablamos
Quién mejor que el refranero:
“Tres jueves hay en el año
Que relumbran más que él sol:
Jueves Santo, Corpus Cristi
Y él día de la Ascensión”
_________________
(Y pa no ser mojigato, ni católico beato)
Ésta otra parte relato:
La luz de un Papa se asoma
A la capital de España
A unos miente, a otros engaña
Con el discurso de siempre
Parece un hombre valiente
Viene directo de Roma
El Carapolla y la Ayuso
Como lacayos al uso
Preparan la ceremonia
Con protocolo y boato
Y Rouco cómo una momia
Viste de cardenalato
Las ovejas trashumantes
No pasarán éste año
Por Castellana y Velázquez
Darán paso a los borregos
Del Opus y dél Estado
Corderos en sumisión
Ocuparán el estrado
Con gorra blanca y tirantes
Con los colores de España
Sus señoras con brillantes
Y tocadas con mantilla
Con encajes de Sevilla
Y bolso de Gucci y guantes
Y picor en sus entrañas
Sánchez primero de España
Y el rey Felipe a su lado
Recibirán con honores
Al jefe del Vaticano
La Leticia de novicia
Y el alcalde como un fraile
Con hábitos franciscanos
La Ayuso de Mari Pepa
Y el Abascal de soldado
Con Feijoo de carmelita
No faltarán a la cita
Así es España señores
Laica en la Constitución
Mas de espíritu beato
Cual manda la tradición
Financiando a los prelados
Y alfombra roja a los Papas
Reserva espiritual del mapa
Y los jueces del Supremo
Fieles a su devoción
Siguen echando de menos
A la Santa Inquisición
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Cuatro décimas para el mes en que la primavera alcanza su cenit — por
José Luis Ibárzabal
Este mes, de cara a mayo, José Luis Ibárzabal ha compuesto cuatro poemas en forma de décima que reflejan, cada uno a su manera, las cualidades de este mes en el cenit de la primavera.
Lo ha hecho a modo experimental, porque nunca hasta ahora había compuesto una décima.
La décima o espinela es una composición de diez versos encadenados con rima consonante alterna.
Una breve definición de décima, según la Wikipedia:
La décima espinela es una estrofa poética de diez versos octosílabos con rima consonante, estructurada bajo el esquema abbaaccddc. Creada por el poeta español Vicente Espinel a finales del siglo XVI, se caracteriza por su estructura rigurosa, con pausas obligatorias tras el cuarto verso. Es fundamental en la literatura hispana y la poesía popular latinoamericana.
MAYO, YA ES PRIMAVERA
Ya mayo asoma sus alas
Dispuesto a lanzarse al vuelo
Atrás quedaron los hielos
Y la luna con sus galas
Se esconde por las mañanas
Aún queda nieve en las cumbres
No hay leña para las lumbres
Salen flores por los prados
La amapola en los sembrados
Es una eterna costumbre...
MAYO, EL MES DEL OBRERO
Llega el primero de mayo
Es la fiesta del obrero
Pero, seamos sinceros:
¿Hay obreros o lacayos?
Sumisos al puto amo?
¿Dónde están los jornaleros
Altivos, dignos, sinceros
Que dijeron al patrón:
“En mí hambre mando yo”?
Es historia, compañero
MAYO, FLORIDO
Mayo es el mes de las flores
Gencianas, lilas, cantuesos
Amapolas, rosas, brezos ...
Florecen por los rincones
Y cantan los ruiseñores
En los balcones, rosarios
Y en los patios los geranios
En Picos la flor del brezo
Y en el Jerte los cerezos
Las jaras en Candelario
LAS DOS LUNAS DE MAYO
Llega mayo, con su luna
Vestida de galas plenas
Pues es luna, Luna llena
Éste año trae fortuna
También termina con luna
Con lluvias recibe a junio
No es preludio del diluvio
No es capricho estrafalario
Así viene el calendario
Mayo, doble plenilunio
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Este poema de Jose Luis Ibarzábal abre la estación con una luna que no trae calma, sino memoria, crítica y desgarro.
Entre la ironía, la mirada social y la denuncia, el texto contrapone la liturgia visible de la fiesta con la violencia del mundo, dejando un cierre amargo y lúcido.
PRIMERA luna de PRIMAVERA
Se fue la luna de abril
Con ella las ilusiones
De ésas nuestras aficiones
De nieve, cumbres y esquís
Por fin ya se recogieron
Los falsos fieles devotos
Los curas y los santeros
Las promesas y los votos
De partidarios del clero
Nazarenos, procesiones,
Costaleros de fajin pa los riñones
Monaguillos pajilleros
Y señoritas de escote
Recatado sí es de día
Provocando si es de noche
Señoritos y feriantes
De caballo por su finca
Calzan botas de Valverde
De marrón cuero
rebelde
Repujadas de estrellitas
Por la tarde, nazarenos...
Van descalzos, penitentes ...
Por la “Sierpes”de Sevilla
Llevan el anonimato
Disfrazados con un trapo
Tapados hasta los dientes
Que asusta a niños y niñas
Mientras suena una saeta
En ese balcón de enfrente
Mientras, en el medio oriente
Los judíos matando gente.
Cuando la luna se asoma
La guadaña de la muerte
Siega vidas inocentes
Esos mismos que mataron
A Jesús, el Nazareno
Con el amparo de Roma
Que todos echan de menos
Ahora violan, matan, roban...
A todo bicho viviente
Partidario de Mahoma
Y nadie les hace frente
Pues tienen de presidente
Un rico rubio y con gorra
No es una guerra cualquiera
Por dioses o ideología
Ya no existe guerra fría
Síno caliente y certera
Que afecta a bolsa y cartera
Y de nada les importa
Que ancianos y niños mueran
Según avanzan los tiempos
Y nos explica la historia
Que corta es nuestra memoria
Que triste llegar a viejos
Viendo ésta maldita escoria
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Hay días en los que escribir poesía no es un refugio, sino una forma de mirar de frente lo que duele.
“La niña bonita” contrapone la inocencia de la infancia con la violencia de la guerra y José Luis Ibárzabal convierte esa imagen en una herida íntima.
Aunque escrito cuando empezó la guerra de Ucrania, vuelve a tener un lamentable protagonismo.
Un poema breve, doloroso y humano, donde la lluvia, el silencio y el miedo acompañan a una niña que ya no entiende el mundo.
“La niña bonita”
Mal día para escribir poesía,
Mientras la muerte al mundo desafía...
La vieja Europa sigue de porfía
Ríos de sangre corren
por calles y avenidas...
Gente inocente sufre la osadía
De unos tiranos soberbios y con ira...
Llueve ésta noche
Y tanto llueve que es casi
Agua bendita...
Siento y presiento que por
la lejanía,
llueve metralla, azufre
y dinamita...
Suena el silencio, mientras la lluvia cae, mí corazón palpita...
Tengo la imagen de aquella niña, que triste llora pues se quedó solita...
No hace ni un mes que ella jugaba con moñas
y casitas...
Con la ilusión truncada
Y entre sollozos, de frío
Ya tirita...
Maldita guerra!!
Dice una anciana que en el refugio, en un rincón dormita...
Y en su regazo, acurrucada
Tiene a la niña..
Duérmete niña, es un mal sueño, nunca despiertes
Duérmete niña,
Niña bonita...
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La poesía de José Luis Ibárzabal mira la historia como quien contempla un espejo antiguo, no para refugiarse en el pasado, sino para reconocer en él las sombras que todavía nos acompañan.
En este poema, marzo aparece como un mes simbólico, cargado de presagios, traiciones, imperios
y repeticiones. El tono es grave, casi profético, y enlaza nombres clásicos con inquietudes muy presentes.
Atrás se quedó febrero
Atrás se quedó febrero
Y la paz sé fue con él
La muerte llevo a Tejero
Cómo presagio agorero
Cincuenta años después
Cabalgan cuatro jinetes
Cada uno en su corcel:
Hambre, guerra, peste, muerte...
Y la humanidad presiente
Una guerra sin cuartel
....…….....…..............
Llegan los "idus" de marzo
Julio César visionó
Bruto en túnica de raso,
una daga al cinturón
Y simula cabizbajo
Venganza envidia y traición
..............................
Marco Aurelio está en campaña
Al oriente, y le acompañan
Las legiones de Escipion
Cleopatra aguarda en palacio
En un trono de topacio
Belleza, intriga y pasión
El pretor Galba en Hispania
Y Séneca en un rincón
..............................
Petronio viste de seda
Y la Diosa Proserpina
De los infiernos caudilla
Está engendrado a Nerón
El ocaso del imperio
Con el incendio de Roma
Y con Atila que asoma
Y entre lujos y lujurias
Comienza su extrema unción
....…..….…..........
Y la historia se repite
Siglos y siglos igual
Guerras, pandemias, traiciones...
Amores, sexo y convites
Y sin nada que le excite
Está el sabio en un rincón...
.............................
Al César lo que es del César
Ya lo dijo el Nazareno
Más la ambición es veneno
A los ojos del infiel
Por diez monedas de plata
Judas se deshizo de ÉL
Mientras Pilatos le mata
Por aquel sionismo cruel
Lava sus manos y exclama:
La sangre de éste inocente
Desde Oriente hasta occidente
Errantes la llevaréis
Hijos de las doce tribus
Malditos creando conflictos
Traidor, pueblo de Israel...
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Hay montes que no se suben: se escuchan. El Urbión es uno de esos lugares donde el aire parece recordar nombres
antiguos y el paisaje habla en voz baja, como si no quisiera romper el hielo.
En este soneto alejandrino, José Luis Ibárzabal
trenza nieve, nacimiento de río y memoria — y deja que el verso haga lo que mejor sabe: señalar, sin explicar del todo.
“Oda al URBION (soneto alejandrino)
Allí donde las nieves lloran en lágrimas de estío,
Y el Duero, aún niño, recoge en su pañuelo.
Recuenco oculto que encontrar es desvelo.
Lecho de nubes, crestas heladas, donde soñé contigo...
Mirando al horizonte contemplarás un nido
De modestas montañas más allá del estero,
De mí Castilla llana, la que recorre el Duero.
Destaca entre esas cumbres redondas cual colmillo
La silueta esbelta de un monte allá perdido,
Al que antiguos poetas a su magia cantaron,
Con versos de Machado, de Bécquer y de Ovidio...
Atalaya de Soria y del Cid su delirio
Por Calatañazor, donde cayó Almanzor sitiado
...Y allá arriba el Urbion desafiando al frío....”
(Poema reproducido con el texto facilitado por el autor.)
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Hay inviernos que no se miden por días, sino por señales: la luna llena, los santos del calendario, la poda en manos curtidas, el animal que se inquieta antes de que cambie la luz.
Este poema de es un almanaque de pueblo: te lo pone delante para que lo veas (y casi lo huelas).
Dos lunas tiene el invierno
Que brillan más que un lucero
Y entre luna y luna santos
Que inspiran al refranero
Y marcan podas e injertos
Del fresno, la higuera, el sauce
El manzano y el cerezo
En manos de recios viejos
De pelo en el entrecejo
Poco cultos pero sabios
Me cago en Dios en los labios
Cuando llegan las
heladas
Y la nieve de otros tiempos
Cae medio metro en el pueblo
Y no tienen pa comer
Las ovejas y las vacas...
Ya se acaba el mes de enero
Y hay luna llena en el cielo
Dentro de dos días sabremos
Sí la Candelaria plora
Pues como dice el refrán
El invierno estará fora
Atrás les queda el recuerdo
De las noches navideñas
Ya las aves ponen huevos
Y por San Blas la cigüeña
Ahora ya no la veremos
Por San Antón baila el perro
Pues es su santo patrón
Ése día no comen pan
Un puñado de garbanzos
Con tocino y poca sal
Pués cómo dice el refrán:
"Por dinero baila el can
Y por pan si se lo dan"
Mientras sin embargo el gato
Busca gatas todo el rato
Maullidos por los tejados
Ojos claros relucientes
Pues el felino presiente
Su función reproductora
En el ocaso y la aurora
Le verás re-gateando...
Dicen que pronto en febrero
Buscará la sombra el perro
Del huevo sale el jilguero
Mientras incuba su huevo
Todo buitre carroñero
Las grullas barruntan ya
Que la primavera asoma
Invernando por Angola
Listas pa un largo viaje
No tienen ni rey ni paje
Van ligeras de equipaje
Vuelan camino de Roma
Por San Valentín se asoma
Ese santo casadero
Que se presenta soltero
Rubio, alto y juvenil
Cuando las niñas son mozas
Van como las mariposas
Buscando un amor sincero
Y un noviazgo duradero
Para casarse en abril
Eso me contó una vieja
Guardando el luto a su novio
Lo embarcaron pa Melilla
Hacia el barranco del lobo
Le prometieron el mar
Rancho caliente y judías
Con rabas de calamar
Y dos copas de cazalla
Con suizo y mantequilla
Para buen desayunar
Dejo su ilusión y vida
En las tierras de ultramar
Mientras la abuela rezaba
El rosario noche día
Y en la capilla del pueblo
Ponía una vela a María
La trajeron su guerrera con una triste medalla
Del arma de infantería
No de la virgen de África
Y que al reverso ponía
Murió por Dios y la patria
Pero dio su vida a cambio
Por salvar el patrimonio
De aquel rey de las Españas ...
Ya se ven las chirigotas
Las mascaras y señuelos
Del carnaval de Febrero
En Castilla manda el clero
En Cataluña el dinero
Y en los bares de Calanda
Los maños bailan la jota
Y al son de las castañuelas
En Cádiz las chirigotas
Y así trascurre febrero
Entre una y otra luna
Son solo cuatro semanas
Siete noches cada una
Y si es bisiesto más una
Luna llena de febrero
Coincide con la dé
Enero
Al final de la medida
pues justo cuatro semanas
Tiene la luna de vida...
Estamos en el invierno y José Luis Ibárzabal nos cuenta sus sueños
Invierno, crudo invierno
Viento del norte
corta la piel, hiela la sangre
de los mendigos y de los pobres
Aullar de lobos
en el horizonte…
En los rincones
de la espesura
allá en el bosque
se para el agua
no suena el viento
allí está el pájaro acurrucado
Blanco silencio….
Si alguna vez
no me encontraras,
Si yo me pierdo...
Si de esta vida
yo me retiro
O de tu mundo, desaparezco…
Búscame allí
Donde en invierno
se para el tiempo
Donde yo solo
libre me siento
Busca en la magia
de mi locura
No entre los muros
de los conventos…
Corta es la vida
Largo el invierno…
Hay lugares que ya no “sirven” para nada… y, sin embargo, siguen funcionando dentro de la gente: como bisagras del recuerdo.
Este poema hace justo eso: abre una puerta a una estación antigua y nos deja mirar dentro del vagón, con sus olores, sus objetos y su contraste social.
Antigua estación
De un pasado añejo
Sola en la memoria
De unos pocos viejos
Tuviste la gloria
De antiguos viajeros
De pueblos anejos
Vagón de tercera
Trenes de madera
Sin puertas ni espejos
Cestas con gallinas
Talegos de harina
Legumbres de Gredos
Botellas de aceite
estraperlo al uso
Y miedo en sus mentes
Tan solo en primera
Viajaban algunos
Pudientes burgueses
Comerciantes, gentes
De relo en chaleco
vagón de primera,
Sillones de tela,
Señoras o amantes
Collares, brillantes,
Vestidos de seda,
Camisas azules
Escudos de gules
Bordados en rojo
El yugo y las flechas
Terror de los rojos
Y ante aquel contraste
De pobres y ricos,
En las navidades
Se oían villancicos
De algunos chavales
Cencerro y zambomba
Pastores, arrieros
De abarcas y gorro
Que no colegiales..
Mientras los señores
Fumaban habanos,
Y si eran señoras
De labios pintados,
Rosario en la mano
Faldas al tobillo
Alianzas y anillos
De aires provincianos
Guimorcondo.!!.Ávila!!
Clama un revisor
Con una campana
Chaqueta en azul
Gorra laureada
Pantalón de pana..
Parada obligada
Pa los pueblerinos
De boina calada..
Bajan del vagon
Con olor a vino
Vuelven de las Navas...
Mientras en primera
Se ven las maletas
De cuero y chinchetas
Bolsos de viaje
Brillantes carteras
Un señor de abrigo
sombrero de raso
Con un maletín
Va abriéndose paso
Viene de Madrid
Poca ya es la espera
El fin del trayecto
Piensa circunspecto:
En Ávila, al fin!!
Atrás queda el rombo
De aquella estación
Se pierde a lo lejos
Era Guimorcondo
Que queda en el hondo
Desde la Cañada
Otrora parada
De gentes humildes
Ahora olvido y linde
Herrumbre y salitre
De otros tiempos grises
Pero que unos llevan
En el corazón.....