La Trilogía de los gemelos — Ágota Kristof
La Trilogía de los gemelos — Ágota Kristof
Armisticio 1948: por qué escribí esta novela
Hay una pregunta que se repite en la historia del siglo XX y que pocas veces se formula en voz alta: ¿qué habría pasado si la Segunda Guerra Mundial no hubiera terminado como terminó?
No me refiero a la pregunta fácil —qué habría pasado si Alemania hubiera ganado— sino a una más incómoda: ¿qué habría pasado si nadie hubiera ganado del todo?
Esa pregunta es el punto de partida de Armisticio 1948.
La premisa
La novela parte de una ucronía: en 1948, agotadas las dos potencias, el Reich y los Aliados firman un armisticio que divide Europa en bloques. No hay juicio de Núremberg. No hay reconstrucción occidental. No hay guerra fría limpia entre dos superpotencias ordenadas. Hay algo más turbio: una Europa donde el Reich sigue en pie, reducido pero funcional, donde la España de Franco sobrevive en una posición ambigua entre los dos bloques, y donde el espionaje, la diplomacia y la memoria de la guerra se mezclan sin que nadie haya cerrado todavía las cuentas.
La historia arranca en 1955, durante una Exposición Universal celebrada en Germania: la antigua Kiev, reconstruida según los planos de Albert Speer como capital del Reich. Un escenario tan real en su arquitectura que casi se puede oler el mármol frío.
Por qué esta historia
Llevo años leyendo novela histórica y thriller de espionaje. Los autores que más me han marcado —Philip Kerr, Robert Harris, C. J. Sansom— tienen en común una cosa: no usan la historia como decorado, sino como motor de las decisiones de sus personajes. La época lo explica todo: por qué alguien traiciona, por qué alguien resiste, por qué alguien calla.
Pero había algo que me incomodaba en la mayoría de las ucronías sobre la Segunda Guerra Mundial. Casi todas construyen su punto de inflexión sobre un hecho singular y dramático: una batalla que se pierde o se gana de otra manera, una bomba que llega antes o después, una decisión estratégica que cambia el curso de una campaña. Son puntos de inflexión visibles, cinematográficos, fáciles de señalar.
Lo que la historia real sugiere es bastante menos limpio. Las guerras largas no se deciden en un único momento. Se deciden en la acumulación: en los recursos energéticos que se agotan, en las materias primas que dejan de llegar, en el capital humano que se consume sin posibilidad de reposición. El Reich no perdió la guerra solo porque los Aliados desembarcaran en Normandía o fueran vencidos en Stalingrado. La perdió porque nunca llegó a controlar el petróleo del Cáucaso ni la capacidad industrial de la cuenca del Don, y porque no tuvo acceso a las materias primas y la mano de obra que una alianza con la India podría haber proporcionado. Cuando esos tres elementos fallan simultáneamente, ninguna victoria táctica es suficiente.
Esa lectura me pareció más interesante como punto de partida ucrónico. ¿Y si esos recursos hubieran llegado? ¿Y si el equilibrio se hubiera sostenido lo suficiente para que ninguno de los dos bandos tuviera capacidad para el golpe final? No una victoria distinta, sino la ausencia de victoria: un armisticio firmado por extenuación, con Europa dividida pero el Reich todavía en pie, funcional aunque reducido.
De ese planteamiento nació la novela. Y de ese planteamiento nacen sus personajes: gente que ha sobrevivido a una guerra que no terminó del todo, que vive en un mundo donde las cuentas de la guerra siguen abiertas y donde nadie sabe exactamente cuánto tiempo más durará el armisticio.
Un republicano español que escapó de Alicante en 1939 y que en 1955 lleva dieciséis años trabajando para los Aliados. Un oficial alemán que en 1943 gestionó el vaciamiento de una ciudad polaca con la misma eficiencia con la que ahora dirige la seguridad de Germania. Una joven ucraniana que perdió a sus padres en las deportaciones y que sobrevivió construyéndose una identidad falsa. Un miliciano de lealtades estratificadas que trabaja para quien le conviene en cada momento.
Ninguno de ellos es un héroe sin fisuras. Ninguno es un villano de manual. Todos han tomado decisiones que el mundo en que vivían hacía posibles o necesarias, y en 1955 tienen que convivir con esas decisiones en la misma ciudad.
El proceso
La novela me llevó varios años. No porque la historia fuera complicada de construir, sino porque el mundo ucrónico exige un rigor que la ficción histórica convencional no siempre necesita: cada elemento inventado tiene que ser coherente con los elementos reales, y esa coherencia hay que sostenerla en cada página.
La arquitectura de Germania existe. Albert Speer diseñó los planos de la Welthauptstadt —la capital del mundo— con una ambición faraónica que hubiera hecho de Berlín o Kiev una ciudad irreconocible. Utilicé esos planos como base para construir el escenario. El resultado es un lugar que no existe pero que podría haber existido, y esa sensación de verosimilitud era exactamente lo que buscaba.
La novela está completa, registrada, e inédita.
Si te interesa saber más sobre el proceso o el universo de la novela, seguiré escribiendo sobre ello aquí.
*© 2026 Juanma Menéndez
Bendito sea el mes de junio
Hay poemas que empiezan como canción y terminan como editorial. Este es uno de ellos. José Luis Ibárzabal convierte el almanaque de junio en un pretexto perfecto: los santos, los refranes, el trigo maduro… y de ahí, sin soltar el hilo del verso, al Corpus Christi en Toledo, al Papa en Madrid, a la España laica-en-la-Constitución-pero-beata-en-el-alma.
El poema cambia de piel a mitad de camino —como avisa él mismo con un guiño: “pa no ser mojigato, ni católico beato”— y lo que empezó como copla popular termina como retrato feroz de una liturgia política que, a su manera, tampoco ha perdido el gusto por las procesiones.
Bendito sea el mes de junio Desdé tiempo inmemorial Destacando cuatro santos Todos dignos de refrán Por el trece San Antonio Once días después San Juan Ése que bautizo a Cristo Con el agua del Jordán Pedro y Pablo de la mano Al final del mes vendrán Cuando el trigo y la cebada Están pa recolectar Pero no nos olvidemos De la fiesta principal Ese mito de la iglesia Que inventaron pa adorar No fue al becerro de oro Sino otro talismán Corpus Cristi, que es la hostia Brillando en un pedestal Es un jueves aleatorio Que según caiga da igual En Toledo lo celebran Desde tiempo inmemorial Y si de jueves hablamos Quién mejor que el refranero: “Tres jueves hay en el año Que relumbran más que él sol: Jueves Santo, Corpus Cristi Y él día de la Ascensión” _________________
(Y pa no ser mojigato, ni católico beato) Ésta otra parte relato:
La luz de un Papa se asoma A la capital de España A unos miente, a otros engaña Con el discurso de siempre Parece un hombre valiente Viene directo de Roma El Carapolla y la Ayuso Como lacayos al uso Preparan la ceremonia Con protocolo y boato Y Rouco cómo una momia Viste de cardenalato Las ovejas trashumantes No pasarán éste año Por Castellana y Velázquez Darán paso a los borregos Del Opus y dél Estado Corderos en sumisión Ocuparán el estrado Con gorra blanca y tirantes Con los colores de España Sus señoras con brillantes Y tocadas con mantilla Con encajes de Sevilla Y bolso de Gucci y guantes Y picor en sus entrañas Sánchez primero de España Y el rey Felipe a su lado Recibirán con honores Al jefe del Vaticano La Leticia de novicia Y el alcalde como un fraile Con hábitos franciscanos La Ayuso de Mari Pepa Y el Abascal de soldado Con Feijoo de carmelita No faltarán a la cita Así es España señores Laica en la Constitución Mas de espíritu beato Cual manda la tradición Financiando a los prelados Y alfombra roja a los Papas Reserva espiritual del mapa Y los jueces del Supremo Fieles a su devoción Siguen echando de menos A la Santa Inquisición
Orlando: una primera impresión de lectura
Las cuatro lunas de Mayo
Este mes, de cara a mayo, José Luis Ibárzabal ha compuesto cuatro poemas en forma de décima que reflejan, cada uno a su manera, las cualidades de este mes en el cenit de la primavera.
Lo ha hecho a modo experimental, porque nunca hasta ahora había compuesto una décima.
La décima o espinela es una composición de diez versos encadenados con rima consonante alterna.
Una breve definición de décima, según la Wikipedia:
La décima espinela es una estrofa poética de diez versos octosílabos con rima consonante, estructurada bajo el esquema abbaaccddc. Creada por el poeta español Vicente Espinel a finales del siglo XVI, se caracteriza por su estructura rigurosa, con pausas obligatorias tras el cuarto verso. Es fundamental en la literatura hispana y la poesía popular latinoamericana.
Ya mayo asoma sus alas Dispuesto a lanzarse al vuelo Atrás quedaron los hielos Y la luna con sus galas Se esconde por las mañanas Aún queda nieve en las cumbres No hay leña para las lumbres Salen flores por los prados La amapola en los sembrados Es una eterna costumbre...
Llega el primero de mayo Es la fiesta del obrero Pero, seamos sinceros: ¿Hay obreros o lacayos? Sumisos al puto amo? ¿Dónde están los jornaleros Altivos, dignos, sinceros Que dijeron al patrón: “En mí hambre mando yo”? Es historia, compañero
Mayo es el mes de las flores Gencianas, lilas, cantuesos Amapolas, rosas, brezos ... Florecen por los rincones Y cantan los ruiseñores En los balcones, rosarios Y en los patios los geranios En Picos la flor del brezo Y en el Jerte los cerezos Las jaras en Candelario
Llega mayo, con su luna Vestida de galas plenas Pues es luna, Luna llena Éste año trae fortuna También termina con luna Con lluvias recibe a junio No es preludio del diluvio No es capricho estrafalario Así viene el calendario Mayo, doble plenilunio

Créditos
© 2026 José Luis Ibárzabal
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Esto significa que puede ser compartida, copiada, adaptada y distribuida en cualquier medio o formato, incluso con fines comerciales, siempre que se dé el crédito adecuado al autor.
El último apaga la luz
Desafío: El último apaga la luz
Un ejercicio sobre cierres inevitables, ironía narrativa y cómo convertir una frase final en el verdadero núcleo del relato.
Descripción del desafío
Consigna: El desafío propuesto fue escribir un relato que finalizara, literal o conceptualmente, con esta idea: “El último apaga la luz”. La dificultad no estaba solo en rematar con esa frase, sino en lograr que no pareciera pegada al final, sino nacida de todo lo anterior.
Límites:
- Relato breve
- Ambientado en un espacio cerrado o en una situación que justificara ese cierre
- El final debía desembocar, literal o conceptualmente, en la idea: “El último apaga la luz”
Objetivo técnico: Trabajar el cierre orgánico del relato y construir una escena entera orientada a que la última línea resulte inevitable, significativa y con un eco irónico.
Relato surgido del desafío
La tertulia tocaba a su fin y, sin embargo, los presentes seguían sin ponerse de acuerdo. Las discusiones se habían ido caldeando hasta adquirir una gravedad impropia del asunto, y sobre la mesa se amontonaban, junto a las tazas de café y los vasos de licor, toda clase de propuestas.
Unos sostenían que quien hubiera de ejecutar lo acordado debía ser designado en cada ocasión mediante votación directa y secreta. Otros, más inclinados al orden que a la justicia, defendían la conveniencia de nombrar una comisión estable, renovable por temporadas. No faltaban tampoco los partidarios del sorteo, que veían en el azar una forma superior de imparcialidad.
Nadie recordaba un debate tan vivo en aquella tertulia de los jueves por la tarde, donde se reunían filósofos, escritores, picapleitos y algún clérigo ocioso, libre aquella tarde de señoras que confesar. Los había de todo linaje y pelaje: caballeros de apellido compuesto, otros que unían los suyos con un sonoro “de”, y no pocos de aquellos apellidos vascos, largos y severos, que parecían exigir por sí solos respeto y silencio. Entre tanta prosapia, también se sentaban, sin que desmerecieran por ello, algún Pérez o algún Fernández.
Cada jueves aparecía sobre la mesa un sobre cerrado. Dentro, una pregunta lo bastante seria como para que aquellos hombres se entregaran durante horas al placer de disentir antes de aproximarse, lentamente, a una conclusión común. Pero aquella tarde el consenso parecía imposible.
Cansados al fin, y ya más atentos a la cena que a la filosofía, los tertulianos comenzaron a abandonar el salón. Quedaron en el aire el humo del tabaco, el calor fatigado de la discusión y, sobre la mesa, el desorden de la inteligencia vencida, en forma de tazas de café y vasos de licor.
Cuando solo quedaban cuatro, convinieron en que la cuestión no admitía respuesta clara. Se despidieron con gravedad, recogieron sus sombreros y fueron saliendo uno tras otro. Sobre la mesa quedó el papel con la pregunta, todavía visible en la penumbra: “¿Quién debería apagar la luz?”
Luego salió el último.
Y apagó la luz.
Reflexiones sobre mi relato
Cuando vi la consigna pensé que casi cualquier historia ambientada en un espacio cerrado podía terminar con esa frase. Precisamente por eso quise complicármelo un poco más: no me interesaba usarla solo como remate, sino hacer que esa idea estuviera latiendo en el centro del relato desde el principio.
La solución fue desplazar el foco. En vez de construir una historia que simplemente acabara con la luz apagándose, imaginé un grupo de hombres muy serios discutiendo con total solemnidad quién debía ocuparse de algo tan doméstico. Ahí apareció el tono del texto: una mezcla de ironía, observación social y gusto por la pompa verbal aplicada a una nimiedad.
Me apetecía además dar al relato un aire ligeramente decimonónico, de salón, humo, licor y apellidos sonoros. Esa gravedad afectada, ese placer por la discusión inútil y ese pequeño ridículo de las clases ilustradas me llevaron, al menos de lejos, hacia una resonancia que me recuerda a Larra.
Lo que más me interesaba técnicamente era que el final no pareciera una ocurrencia, sino una consecuencia. Que al llegar a la última línea el lector sintiera primero la sonrisa y después el ajuste perfecto del mecanismo: toda la escena había estado avanzando, en realidad, hacia esa pregunta mínima y absurda.
El triple filtro como brújula para corregir un texto
La anécdota del triple filtro atribuida a Sócrates quizá no sea históricamente fiable, pero sigue siendo una herramienta útil para pensar antes de hablar. En escritura, además, puede convertirse en una guía excelente para revisar un texto: no para domesticarlo, sino para afinarlo. Aquí veremos cómo trasladar verdad, bondad y utilidad al terreno literario sin convertir la ficción en un sermón.
1) Qué es / Idea central
Definición: El triple filtro propone someter lo que decimos a tres preguntas: si es verdad, si es bueno y si es útil. En literatura, estas preguntas no se aplican de forma moral o literal, sino técnica: sirven para evaluar si una escena resulta verosímil, si está bien enfocada y si realmente aporta algo al conjunto.
Regla de oro: Al revisar, no te preguntes solo si algo “suena bien”, sino si sostiene la verdad interna del texto, respeta la escena y merece ocupar su lugar en la página.
2) Cuándo usarlo (y cuándo no)
- Úsalo si… estás corrigiendo un borrador y necesitas distinguir entre lo brillante y lo necesario.
- Úsalo si… quieres comprobar si un diálogo, una reacción o una descripción suenan humanas y coherentes con el tono del relato.
- Evítalo si… todavía estás en fase de exploración y cortar demasiado pronto podría apagar la energía del primer impulso.
3) Proceso paso a paso
Paso 1 — Preparación
Antes de corregir, conviene cambiar de pregunta. En lugar de pensar “¿me gusta este fragmento?”, prueba con tres filtros más precisos. Así dejas de revisar por intuición vaga y empiezas a revisar por función narrativa.
- Lee el texto como lector, no como autor defensor de cada frase.
- Señala las partes que te gustan especialmente: muchas veces son también las que más conviene poner a prueba.
Paso 2 — Ejecución
Aplica las tres preguntas, reformuladas para literatura. La primera ya no es “¿es verdad?” en sentido factual, sino ¿es verosímil?, ¿suena humano?, ¿resulta emocionalmente cierto? Un diálogo inventado puede no haber ocurrido nunca y, sin embargo, ser profundamente verdadero como experiencia.
La segunda, “¿es bueno?”, conviene traducirla como ¿está bien escrita esta escena?, ¿está bien enfocada?, ¿hace justicia al personaje y a la situación? No se trata de moralizar la ficción, sino de comprobar si el texto respeta su propia lógica y evita traicionar la complejidad de lo que intenta mostrar.
La tercera, “¿es útil?”, quizá sea la más decisiva en revisión: ¿aporta algo esta frase, esta escena o esta descripción? Si no construye personaje, conflicto, atmósfera o sentido, tal vez sobre. A veces el problema no es que un fragmento sea malo, sino que simplemente estorba.
Señal de que vas bien: empiezas a detectar con claridad qué partes sostienen el texto y cuáles solo lo adornan.
Paso 3 — Revisión
Cuando termines, vuelve a formular el triple filtro con lenguaje de taller: ¿es verosímil?, ¿es justo con la escena?, ¿es necesario? Esa versión convierte una anécdota filosófica en una herramienta práctica para podar, afinar y fortalecer un manuscrito.
Recorta lo que rompe la verdad interna, reescribe lo que simplifica demasiado y elimina lo que no empuja el texto hacia adelante.
Error típico: conservar una frase porque “es muy bonita” aunque debilite el ritmo, desvíe el foco o rebaje la intensidad de la escena.
4) Checklist rápida
- ✅ ¿La escena resulta verosímil en su voz, su gesto y su emoción?
- ✅ ¿El texto hace justicia al personaje y a la situación, sin caricaturas involuntarias?
- ✅ ¿Cada frase aporta conflicto, atmósfera, carácter o sentido?
5) Conclusión
Resumen: El triple filtro puede ser una gran brújula de corrección si se adapta al lenguaje de la ficción. No se trata de escribir textos correctos o dóciles, sino de comprobar si cada parte sostiene la verdad interna del relato, está a la altura de la escena y cumple una función real.
Regla final: En literatura, no basta con que una frase sea buena: tiene que ser necesaria.
Cómo evitar que un personaje te quede plano en una novela
Cómo evitar que un personaje te quede plano en una novela
Un personaje plano no suele fallar por falta de datos, sino por falta de vida en escena. En este post vas a ver cómo darle espesor narrativo sin convertir su construcción en una ficha interminable: conflicto, deseo, contradicción y pequeños gestos que lo vuelven memorable.
1) Qué es / Idea central
Definición: un personaje se siente plano cuando parece diseñado para cumplir una función, pero no para vivir dentro de la historia. Está ahí para explicar, ayudar, estorbar o acompañar, pero no transmite una voluntad propia, una mirada singular ni una forma concreta de reaccionar al mundo.
Regla de oro: no le des solo rasgos; dale deseo, miedo y contradicción visibles en escena.
2) Cuándo usarlo (y cuándo no)
- Úsalo si… notas que tu personaje “dice lo que toca” pero nunca sorprende, incomoda o decide de verdad.
- Úsalo si… todos tus personajes hablan con un tono parecido y reaccionan de forma demasiado correcta o previsible.
- Evítalo si… estás intentando volver complejo a un personaje secundario que solo necesita cumplir una función breve y clara.
3) Proceso paso a paso
Paso 1 — Preparación
Antes de escribir más escenas, deja de preguntarte “cómo es” tu personaje y empieza a preguntarte “qué quiere” y “qué le cuesta”. Un personaje gana volumen cuando persigue algo, evita algo y paga un precio por ello. No basta con que sea valiente, sensible o sarcástico: esas etiquetas solo funcionan si se encarnan en decisiones.
- Define un deseo concreto: qué quiere conseguir ahora, no en abstracto.
- Define un miedo activo: qué intenta evitar aunque no lo admita.
Paso 2 — Ejecución
Dale una contradicción funcional. La gente no es coherente todo el tiempo, y ahí suele aparecer la profundidad. Un personaje puede querer intimidad y, al mismo tiempo, sabotear cualquier vínculo. Puede ser generoso, pero solo cuando nadie le pide nada. Puede defender la verdad y mentir justo en lo que más le importa.
Señal de que vas bien: cuando puedes prever qué hará tu personaje en una escena y, aun así, su reacción no resulta obvia sino inevitable.
Paso 3 — Revisión
Revisa sus escenas buscando huellas de individualidad. No mires solo lo que dice: mira cómo entra en una habitación, qué calla, en qué se fija, qué interpreta mal, qué detalle le molesta. La profundidad no siempre está en los grandes monólogos, sino en la suma de pequeños gestos coherentes.
Error típico: intentar arreglar un personaje plano añadiéndole un trauma, una rareza o un pasado trágico sin que eso afecte de verdad a sus decisiones presentes.
4) Ejemplo aplicado
Antes: Laura es “la amiga leal” de la protagonista. Siempre escucha, aconseja bien y aparece cuando hace falta. Su función narrativa es útil, pero como personaje no deja huella porque no tiene una tensión propia.
Después: Laura sigue siendo leal, pero ahora necesita sentirse indispensable para no afrontar su propia soledad. Ayuda a la protagonista, sí, pero a veces da consejos interesados, retiene información o invade límites. Ya no es solo “la amiga buena”: es alguien que ama, teme perder y actúa desde esa grieta.
5) Checklist rápida
- ✅ ¿Tu personaje quiere algo concreto en esta historia?
- ✅ ¿Hay una contradicción entre lo que desea, lo que dice y lo que hace?
- ✅ ¿Tiene una forma propia de hablar, mirar, callar o reaccionar?
- ✅ ¿Toma decisiones que generan consecuencias?
- ✅ ¿Podrías distinguirlo de otro personaje sin nombrarlo?
6) Conclusión
Resumen: para que un personaje no quede plano, no necesitas acumular información sobre él, sino construir una presencia narrativa reconocible. Eso se logra con deseo, conflicto, contradicción y conducta observable en escena. Lo que lo vuelve real no es su ficha, sino su manera de chocar con el mundo.
Regla final: un personaje deja de ser plano cuando deja de servir solo a la trama y empieza a ponerle resistencia.
(Opcional) Plantilla lista para copiar
PRIMERA luna de PRIMAVERA
Este poema de Jose Luis Ibarzábal abre la estación con una luna que no trae calma, sino memoria, crítica y desgarro.
Entre la ironía, la mirada social y la denuncia, el texto contrapone la liturgia visible de la fiesta con la violencia del mundo, dejando un cierre amargo y lúcido.
Se fue la luna de abril Con ella las ilusiones De ésas nuestras aficiones De nieve, cumbres y esquís
Por fin ya se recogieron Los falsos fieles devotos Los curas y los santeros Las promesas y los votos De partidarios del clero
Nazarenos, procesiones, Costaleros de fajin pa los riñones Monaguillos pajilleros Y señoritas de escote Recatado sí es de día Provocando si es de noche
Señoritos y feriantes De caballo por su finca Calzan botas de Valverde De marrón cuero rebelde Repujadas de estrellitas
Por la tarde, nazarenos... Van descalzos, penitentes ... Por la “Sierpes”de Sevilla Llevan el anonimato Disfrazados con un trapo Tapados hasta los dientes Que asusta a niños y niñas Mientras suena una saeta En ese balcón de enfrente
Mientras, en el medio oriente Los judíos matando gente. Cuando la luna se asoma La guadaña de la muerte Siega vidas inocentes
Esos mismos que mataron A Jesús, el Nazareno Con el amparo de Roma Que todos echan de menos Ahora violan, matan, roban... A todo bicho viviente Partidario de Mahoma Y nadie les hace frente Pues tienen de presidente Un rico rubio y con gorra
No es una guerra cualquiera Por dioses o ideología Ya no existe guerra fría Síno caliente y certera
Que afecta a bolsa y cartera Y de nada les importa Que ancianos y niños mueran
Según avanzan los tiempos Y nos explica la historia Que corta es nuestra memoria Que triste llegar a viejos Viendo ésta maldita escoria
La niña bonita
Hay días en los que escribir poesía no es un refugio, sino una forma de mirar de frente lo que duele. “La niña bonita” contrapone la inocencia de la infancia con la violencia de la guerra y José Luis Ibárzabal convierte esa imagen en una herida íntima. Aunque escrito cuando empezó la guerra de Ucrania, vuelve a tener un lamentable protagonismo.
Un poema breve, doloroso y humano, donde la lluvia, el silencio y el miedo acompañan a una niña que ya no entiende el mundo.
Mal día para escribir poesía, Mientras la muerte al mundo desafía...
La vieja Europa sigue de porfía Ríos de sangre corren por calles y avenidas...
Gente inocente sufre la osadía De unos tiranos soberbios y con ira...
Llueve ésta noche Y tanto llueve que es casi Agua bendita...
Siento y presiento que por la lejanía, llueve metralla, azufre y dinamita...
Suena el silencio, mientras la lluvia cae, mí corazón palpita...
Tengo la imagen de aquella niña, que triste llora pues se quedó solita...
No hace ni un mes que ella jugaba con moñas y casitas...
Con la ilusión truncada Y entre sollozos, de frío Ya tirita...
Maldita guerra!! Dice una anciana que en el refugio, en un rincón dormita...
Y en su regazo, acurrucada Tiene a la niña..
Duérmete niña, es un mal sueño, nunca despiertes Duérmete niña, Niña bonita...